Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

Los números y la gestión de Ancap

Esta semana Ancap nos presentó a los uruguayos el balance del ejercicio 2016 con una ganancia de USD 15 millones. Las autoridades de Ancap no ocultaron la alegría de mostrar un número positivo después de muchos años. El ministro de Economía saludó con entusiasmo el resultado y destacó la mejora en la gestión más que el número puntual.

Esta semana Ancap nos presentó a los uruguayos el balance del ejercicio 2016 con una ganancia de USD 15 millones. Las autoridades de Ancap no ocultaron la alegría de mostrar un número positivo después de muchos años. El ministro de Economía saludó con entusiasmo el resultado y destacó la mejora en la gestión más que el número puntual.

A diferencia de lo expresado por el ministro, creo que por ahora lo que se puede destacar es solo el número. No hay duda que es bueno haber frenado el drenaje de pérdidas de Ancap. Sin embargo, haciendo algunos números alternativos no veo la forma de afirmar que el resultado positivo presentado esté explicado por cambios en la gestión.

Empecemos por un simple cálculo de servilleta. En el último año del gobierno de Mujica, Ancap perdió USD 325 millones. Durante el 2014, Ancap tuvo que pagar USD 100 por cada uno de los 17 millones de barriles de petróleo que importó para refinar en la Teja, para lo cual tuvo que comprar dólares a $ 24. Dada la bendición de la caída del precio internacional del petróleo, en 2016 Ancap pudo comprar petróleo a USD 50 el barril pero con un dólar a $ 30. De esta forma, en 2016 Ancap tuvo que gastar USD 550 millones menos que en 2014. Si le sorprende el número, agarre una calculadora, la que tiene en su celular por ejemplo, y véalo con sus propios ojos. Ahora mire de nuevo el número de la pérdida de 2014.

Con el precio del petróleo y el dólar de 2014, para llegar a los USD 15 millones de ganancia tan festejados esta semana -con la actual estructura- Ancap tendría que haber subido drásticamente el precio de los combustibles. Algo completamente absurdo, cuando ya hoy tenemos precios de combustibles en los niveles más altos del mundo.

Hay más números que se pueden hacer para evaluar los resultados presentados. Todos los meses la Ursea computa lo que se conoce como el precio de paridad de importación. En criollo, cuánto debería ser el precio del combustible en las estaciones de servicio si Ancap importara combustible refinado en lugar de petróleo crudo y se mantuviera la estructura actual de impuestos y costos de distribución.

Con este dato se puede fácilmente computar cuál hubiera sido el resultado financiero de Ancap vendiendo combustibles al precio de paridad de importación. Un primer punto para destacar es que no habría diferencia en el precio de la nafta súper, siempre y cuando incluyamos en el subsidio al biocombustible de $ 2 por cada litro. Este sobrecosto no lo incluye la Ursea porque estrictamente no es parte del precio de paridad de importación. Sin embargo, como Ancap está obligado a comprarle a Alur a un precio fuera de mercado en los hechos es como si fuera un impuesto más.

Ahora, con el gasoil la historia es muy diferente. En promedio, en 2016, el litro de gasoil se pagó $ 38,7 cuando el precio de paridad de importación era $ 27,4 (considerando en este caso $ 1 extra para contemplar el sobrecosto legal del biocombustible). Considerando que en 2016 se vendieron 881 millones de litros de gasoil, si Ancap hubiera vendido gasoil al precio de paridad de importación no hubiera tenido una ganancia de USD 15 millones sino una pérdida superior a los USD 250 millones.

Claro que este diferencial de más de $ 10 pesos por cada litro de gasoil está financiando el funcionamiento de la refinería de la Teja, y la “soberanía energética” del Uruguay. Pero también está financiando, por ejemplo, la multa de USD 108 millones con la DGI, los USD 26 millones de pérdidas por producir y vender cemento, y los USD 8 millones de pérdida por mantener una estructura para una regasificadora que cada día tiene menos chance de materializarse.

Y los ciudadanos pagamos. Porque no tenemos más remedio. Los productores tienen mayores costos. Según estimaciones basadas en el consumo de gasoil por zonas, el 20% del sobrecosto lo pagó el sector sojero, el 16% el ganadero, el 11% el lechero, el 10% el forestal y el 3% el arrocero. El resto se repartió en la zona de Canelones y Montevideo. Y los consumidores pagan mayores precios.

No está en la agenda, pero sería bueno retomar la discusión sobre el rol de las unidades reguladoras. Hoy tenemos una Ursea que cuenta con 40 funcionarios presupuestados, que tiene el objetivo de que “cada uruguayo tenga acceso a todos los productos y servicios vinculados a la electricidad, combustible, gas y agua potable con la calidad, continuidad, seguridad y precio adecuado”.

Lamentablemente sus atribuciones se han minimizado. En 2011 se revisaron los objetivos de la Ursea para dejarla en los hechos como un mero órgano de control de calidad y recepción de reclamos técnicos. En particular, se eliminó el literal del artículo 2 de la ley de su creación (17.598) que establecía que el ajuste de las tarifas debía responder a los costos económicos de las empresas públicas. Hoy se limita a proponer al Poder Ejecutivo las tarifas técnicas de los servicios regulados.

¿No será el momento de repensar a la Ursea y brindarle el potencial que necesite? Y si nos pusiéramos de acuerdo de que hay aumentar sus atribuciones, ahí habría tres aspectos claves a tener en cuenta en el debate. En primer lugar la necesidad de fortalecer su independencia del gobierno de turno. También habría que asegurar que el nombramiento de sus autoridades tenga la jerarquía necesaria para imponerse a los directores de las empresas del Estado que son nombrados con venia del Senado. Finalmente, tendría que contar con los recursos materiales necesarios para cumplir con eficacia las funciones que le son asignadas.

La mayoría de la ciudadanía decidió derogar en diciembre de 2003 los artículos de la ley de Ancap (17.448) que permitían la libre importación de combustibles, aprobada en el parlamento dos años antes. Sin embargo, nada impide a Ancap autoimponerse un estándar alto de eficiencia que establezca que los combustibles refinados no se puedan vender a un precio mayor al de paridad de importación.

Desde mi punto de vista, solo cuando Ancap pueda evitar mostrar pérdidas vendiendo el combustible al precio de paridad de importación será hora de festejar. Recién ahí tendremos una empresa que impulsa el desarrollo del país sin ser una pesada mochila. Recién ahí compartiremos el diagnóstico del ministro de que la gestión fue mejor que los números. 

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