Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

El Mercosur y nosotros

El Mercosur volvió a los titulares. Esta semana el Mercosur y la Unión Europea intercambiaron aspiraciones con el objetivo de poder firmar el tan esperado TLC antes de fin de año.

La Unión Europea ofrece al Mercosur un aumento del 70% de la cuota para la carne (de 41 mil vigentes actuales a 70 mil toneladas), aunque menos que las que había ofrecido en 2004 (100 mil toneladas) y bastante menos a las 300 mil buscadas. Y el Mercosur insiste en que se mejore la oferta. Con todas las idas y vueltas, lo que se está negociando entre el Mercosur y la Unión Europea más que un TLC es un mero acuerdo de comercio administrado: cuotas a cambio de cuotas. Palabras más palabras menos, así lo definió públicamente nuestro Canciller hace unos días.

En los últimos meses el Mercosur también estuvo presente en los titulares por otras razones. Primero fueron las nuevas complicaciones para exportar autopartes, una vez aprobada la Ley Autopartista Nacional en Argentina. Luego vino el caso del bloqueo al ingreso de productos lácteos a Brasil, afectando a un sector que da empleo a más de 5.000 trabajadores. Nosotros no nos quedamos atrás y subimos la tasa consular a las importaciones de bienes de consumo del Mercosur para conseguir algún ingreso extra y así cerrar los números fiscales en la última Rendición de Cuentas. Y todo dentro del marco de un acuerdo comercial en el que se supone que somos parte de una unión aduanera.

Ya transcurridos más de 25 años de su creación, es difícil ocultar el fracaso del Mercosur. La realidad indica que el comercio intrarregional no ha crecido. No se ha dado la tan mentada integración de procesos productivos o cadenas de valor amparados en la protección del mercado regional. Tampoco se han visto avances sustantivos en la interconexión física ni energética.

Sin embargo, sigue sobrevolando en nuestro país la convicción de que no hay alternativa al Mercosur. De que es nuestra región natural, que los productos que vendemos con mayor valor agregado se colocan en el Mercosur, que nadie nos abriría la puerta si fuéramos a negociar acuerdos comerciales solos. Todo lo anterior se escucha reiteradamente en el debate sobre el asunto. En lo personal, prefiero presentar algunos números para tratar de sacarle el velo mitológico e ideológico a las discusiones.

Comencemos por ver el acceso a mercados que nos da el Mercosur. En el peor de los casos, si tuviéramos que pagar el Arancel Externo Común del Mercosur para ingresar con nuestras exportaciones a Brasil, Argentina y Paraguay el costo anual sería del entorno de US$ 200 millones (0,4% del PBI). Siendo más concreto, por el ingreso de leche, malta, arroz, plásticos, y el resto de los bienes que vendemos a Brasil tendríamos que pagar US$ 150 millones de aranceles. Por el ingreso de soja, cables, productos de limpieza, papel y otros bienes que vendemos a Argentina tendríamos que pagar US$ 50 millones. Por el ingreso de tabaco, cigarros, medicamentos, abonos y otros bienes que vendemos a Paraguay tendríamos que pagar US$ 15 millones.

Hoy el Mercosur es el destino del 23% del total de nuestras exportaciones. La misma proporción del total de nuestras exportaciones tiene como destino China. Por estar hoy en el Mercosur, y no poder avanzar en un TLC con China, pagamos anualmente por el ingreso de soja, carne, celulosa y otros productos tarifas totales por US$ 150 millones (0,3% del PBI). Solo con China, casi compensamos lo que nos da el Mercosur.

Si miramos el resto del mundo, solamente por la carne pagamos tarifas anuales por un monto superior a los US$ 200 millones.

La realidad es que nuevos acuerdos comerciales mejorarían el atractivo para invertir en Uruguay. Tengamos siempre presente que en la última década la inversión en nuestro país fue el motor del crecimiento, que fue financiado en gran parte con ingresos de capitales del exterior, que alcanzaron registros jamás vistos. Estas inversiones explican hoy gran parte de las exportaciones del Uruguay que en su mayoría están sujetas a elevadas tarifas al colocarse fuera del Mercosur. Mientras que las empresas instaladas en Chile tienen acceso libre de impuestos a países que representan casi el 90% del consumo mundial, las empresas instaladas en el Mercosur tienen acceso a países que apenas llegan al 10%. A su vez, competidores directos como Nueva Zelanda, que ya tienen firmado un TLC con China, tienen estipulada una reducción progresiva de tarifas para ingresar en Japón con productos similares a los nuestros, acentuando año tras año nuestra desventaja competitiva.

Nuevos acuerdos comerciales no solo facilitarían la llegada de inversión extranjera, sino que mejorarían la competitividad de las empresas ya instaladas para disponer de materia prima y maquinarias a menores costos.

Todo lo anterior es cierto, pero al mismo tiempo tenemos hoy más de 40 mil trabajadores empleados en sectores protegidos por tarifas a las importaciones. Debería ser una prioridad absoluta atender las necesidades laborales de todas estas personas. Ya mismo, independientemente de si se avanza o no en la apertura comercial. La realidad indica que la gran mayoría de estas posiciones, tal cual están hoy concebidas, tienden a desaparecer en el mediano plazo porque con el avance tecnológico ya no va a ser necesaria una persona para cumplir con esa tarea. Según nuestros números, el riesgo de extinción promedio para estos 40 mil puestos de trabajo es cercano al 90%.

Se podrá seguir dándoles vueltas y mirándolos de reojo, pero los números son contundentes: más del 80% de los países emergentes que escalaron posiciones relativas en desarrollo humano en los últimos 20 años lo hicieron reduciendo sus tarifas al comercio exterior.

Es una buena noticia cualquier avance en el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. No es un logro para despreciar porque el 25% de nuestras exportaciones de carnes tienen como destino la Unión Europea. Aunque si fuéramos conscientes de la relevancia que tiene mejorar nuestra inserción internacional, lo mejor que se pueda esperar de la Unión Europea es igual una miñanga. El precio por delegar al Mercosur nuestra política comercial debería ser muchísimo más alto.

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