Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

El grado inversor

No vamos a invertir porque no tiene grado inversor”. Esa fue la respuesta del director de un grupo inversor norteamericano cuando hace unos días le pregunté si estaban mirando con atención a la Argentina de Macri. Ante mi sorpresa insistió: “A pesar de que está por salir del default, hasta que las calificadoras no le den el grado inversor nuestros estatutos no nos permiten invertir en Argentina”.

No vamos a invertir porque no tiene grado inversor”. Esa fue la respuesta del director de un grupo inversor norteamericano cuando hace unos días le pregunté si estaban mirando con atención a la Argentina de Macri. Ante mi sorpresa insistió: “A pesar de que está por salir del default, hasta que las calificadoras no le den el grado inversor nuestros estatutos no nos permiten invertir en Argentina”.

Ahí está el enorme valor de lo que hoy tenemos. En recientes palabras del presidente Vázquez: “...es el activo financiero intangible más importante que tiene Uruguay”. El grado inversor es un sello de calidad sobre la gestión institucional, política y económica del país, de validez internacional, otorgado por calificadoras de riesgo. La evidencia sugiere que el grado inversor es un determinante fundamental de los flujos de inversión extranjera.

A nosotros nos costó mucho. Alcanzamos el grado inversor en 1997 luego de una larga lucha contra la inflación que llegaba a un dígito, de la mano de una reducción sostenida del déficit fiscal. Lo tuvimos por cinco años y lo perdimos. Con la prolongada recesión iniciada en 1998, que paulatinamente fue deteriorando los indicadores económicos y desembocó en la crisis del 2002, nos quedamos sin grado inversor. La vocación por el respeto de los contratos y una década de adecuado manejo macroeconómico, nos permitió recuperarlo en 2012.

A partir de 2012 se han venido deteriorando marcadamente los principales indicadores macroeconómicos del país. Si bien las principales calificadoras de riesgo coinciden en que estamos lejos del borde del abismo, todas ellas no dejan de pasar factura por la inflación y el déficit fiscal, en donde presentamos los peores registros en una década. Todavía tenemos margen para salvar las revisiones de este año, pero el 2017 será un año bisagra. Casualmente, de nuevo a los cinco años de haber obtenido el grado inversor, si las tendencias actuales siguen como hasta ahora va a ser difícil mantenerlo.

¿Qué es lo que miran las calificadoras de riesgo a la hora de revisar el grado inversor de los países? Todos los estudios existentes a nivel internacional, incluyendo aquellos realizados por los investigadores del BCU, concluyen que existe una serie de factores institucionales y macroeconómicos -fácilmente observables- que explican el comportamiento de las calificadoras de riesgo a la hora de asignar el grado inversor.

Si bien esta literatura es amplia, las últimas publicaciones ya tienen algunos años de existencia. Por lo tanto, y dada la relevancia del tema, con el equipo de economistas del Centro de Economía del IEEM (Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo) decidimos actualizar los cálculos. Así consideramos las calificaciones de deuda y los valores de las variables institucionales y macroeconómicas consideradas como relevantes. Con datos de hoy para 70 países, encontramos resultados muy similares a los anteriores, que databan de los 90 y de los 2000.

La evidencia indica que un país con historial de default es duramente castigado por las calificadoras, que tienen mucha memoria. A la hora de otorgar el grado inversor, también importa mucho la efectividad del gobierno para implementar políticas públicas.

El grado inversor depende positivamente del crecimiento del PBI. Si la economía no crece, el gobierno no recauda y tiene dificultades para hacer frente a sus compromisos que se vuelven una carga cada vez más pesada.

La inflación es un indicador altamente correlacionado con el grado inversor. El vínculo se debe, en el fondo, a que la inflación es un gran indicador resumen de los equilibrios macroeconómicos. Para ser claros, una inflación dentro del objetivo establecido por el gobierno indica no sólo la alineación de las políticas monetaria y fiscal, sino que las señales emitidas por el gobierno son incorporadas con naturalidad en decisiones del sector privado (fijación de precios, negociaciones salariales). Lo cierto es que solo ese número dice mucho sobre la calidad del manejo económico de un país.

Sorprende que el resultado fiscal no sea una variable significativa para explicar el grado inversor. Hay países con grado inversor que tienen acceso a bajo costo aal financiamiento de un elevado déficit fiscal, y también hay países sin grado inversor que presentan bajos déficits fiscales para poder obtener el grado inversor en el futuro. Pero ojo, que no se puedan sacar conclusiones generales de los datos no quiere decir que no sea importante en el caso a caso. La lógica indica que un déficit fiscal elevado y persistente debería terminar afectando el grado inversor.

En definitiva, los indicadores macroeconómicos son mirados con lupa por las calificadoras. Y, lamentablemente, hoy nuestra situación es complicada.

Es buena la renovación del compromiso verbal del presidente con la disciplina macroeconómica, pero a esta altura necesitamos señales más potentes. Aprobado el Presupuesto, el gasto público va a crecer 3% en términos reales. Con la actividad económica estancada y por ende la recaudación fiscal planchada, tendríamos un deterioro mayor del déficit fiscal si las empresas públicas no estuvieran aportando recursos a la tesorería. Tenemos claro que en la situación actual hay muy poco margen de maniobra, que las decisiones que se toman tienen efectos secundarios no deseados. Pero también pensamos que podemos elegir mejor los efectos no deseados. El financiamiento del gasto público con elevadas tarifas -y no con mejoras de eficiencia en las empresas públicas- está deteriorando tanto las perspectivas de crecimiento económico como las expectativas de control de la inflación. Ahí es donde se puede hacer algo diferente, y para ello no es necesario creer en los reyes magos.

Con el grado inversor nos jugamos mucho. Cuando escuchen hablar de grado inversor acuérdense de aquel norteamericano del comienzo. Aquel que lee a diario los halagos a Macri en los titulares del Financial Times, pero no puede invertir en Argentina y sí puede invertir acá. Lo mismo le pasa a muchos fondos de inversión internacionales que siguen mirando con cariño a las economías emergentes mientras no tienen alternativas rentables en las economías avanzadas.

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