Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

Lo bueno, lo malo y lo feo

Se nos fue el 2015. Para orejear las cartas del 2016 es siempre bueno reflexionar sobre lo que nos dejó el año que acaba de terminar. Parafraseando a la célebre película de Clint Eastwood, los invito a repasar lo bueno, lo malo y lo feo.

Se nos fue el 2015. Para orejear las cartas del 2016 es siempre bueno reflexionar sobre lo que nos dejó el año que acaba de terminar. Parafraseando a la célebre película de Clint Eastwood, los invito a repasar lo bueno, lo malo y lo feo.

Empecemos por lo bueno, que no es menor. Mantenemos la confianza de los mercados internacionales. La emisión de deuda pública de mediados de octubre dejó en evidencia que todavía tenemos acceso a financiamiento del exterior en condiciones muy favorables (tasa 2,5% por encima de la libre de riesgo). También dejó claro que, hasta ahora, logramos desmarcarnos de Brasil. A esta fortaleza financiera se le suma el hecho de que tenemos créditos muy favorables ya acordados con organismos multilaterales, en caso que se encarezca el acceso a los mercados ante un deterioro del contexto financiero internacional.

Dentro de lo bueno corresponde también mencionar que la esperada suba de la tasa de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos, iniciada en diciembre, sea muy gradual (para el 2020 no superaría el 4%). El aumento de 0,25% vino acompañado de una revisión a la baja de las expectativas de los valores que tendría la trayectoria de las próximas subas. Y lo más importante: todavía queda una ventana de oportunidad para atraer inversión extranjera antes de que el retorno en los países avanzados vuelva a ser atractivo para los inversores internacionales. Aquí es donde tenemos que apuntar las baterías. No perdamos de vista que la inversión extranjera es crítica para apuntalar el crecimiento en nuestro país.

Lo malo que nos deja el 2015 es un marcado deterioro de la situación económica. Luego de crecer 3,5% en 2014, la economía sufrió un frenazo importante para crecer entorno al 1%, explicado casi en su totalidad por el impulso de la segunda planta de celulosa. La sensación generalizada y la realidad indican que la economía está estancada.

Uruguay está muy caro. La disparidad cambiaria con Brasil -principal socio comercial junto con China- está cercana a los niveles máximos históricos de 1999: en promedio lo que hoy acá cuesta 100 se puede comprar a 60 cruzando la frontera. La situación con Argentina es menos comprometida pero también desfavorable, con la unificación del mercado de cambios lo que hoy acá vale 100 se compra a 80 del otro lado del río.

Gracias a la desdolarización de pasivos, tenemos la posibilidad de dejar que suba el dólar para recuperar competitividad sin que se traduzca en una suba insostenible de los costos financieros de las empresas, las familias y el gobierno. El inconveniente de ir por este camino es que la inflación se iría por encima del 10%. El compromiso macroeconómico más sólido de la última década no se puede sacrificar. Ahí no hay que ceder.

La carta que queda para jugar es aprovechar el principal shock externo positivo que ha tenido la economía uruguaya en los últimos años: la baja del precio del petróleo. Uruguay es uno de los mayores importadores de petróleo del mundo en relación a su tamaño. Si se bajara de forma escalonada el precio de los combustibles se podría contrarrestar el impacto de una mayor suba del dólar y así contener la inflación. Es claro que es una medida de muy corto plazo. En un contexto de bajo crecimiento económico y deterioro del mercado de trabajo, las menores presiones del lado de la demanda tomarían la posta para que la inflación no se acelere una vez pasado el efecto transitorio de la baja del combustible.

Para terminar veamos lo feo, aquello que nubla la vista en el horizonte sobre las posibilidades futuras de nuestro país.

Este año perdimos la oportunidad de empezar con “la madre de todas las reformas” desde las empresas públicas. Tengamos claro que allí las soluciones no van a venir por cambiar los directorios o las gerencias sino por la introducción de incentivos adecuados. Tampoco hay que inventar la pólvora, sino que mirar con atención lo que hoy funciona en países como Chile, Perú o Colombia.

Pasa el tiempo y seguimos sin una agenda clara de inserción internacional. En 2015 la pulseada la ganaron los que miran de reojo los nuevos formatos de acuerdos comerciales (como el TISA y el TPP). Siempre es posible buscarle la quinta pata al gato detrás del temor a la competencia. La realidad es que seguimos reduciendo las posibilidades reales de abrir nuevos horizontes.

En educación el panorama es desolador. De acuerdo a cifras oficiales del Mercosur, solo el 10% de los uruguayos en edad de trabajar tiene secundaria completa, muy por debajo de los registros de Argentina y Brasil e incluso por debajo de Paraguay. La elevada tasa de abandono no debe sorprender cuando hoy la inversión en educación secundaria no se traduce en una esperanza de mayores ingresos laborales futuros. Entre aquellos que no abandonan, las pruebas académicas indican que la mitad no puede cumplir un rol productivo en el mercado de trabajo.

En agosto, con el decreto de esencialidad quemamos las naves antes de llegar al puerto. Cuesta entender cómo se pudo pensar en cambiar el ADN de la educación sin ni siquiera consultar a los docentes. Cerrando el año, por lo menos, logramos tener pactos firmados con primaria y secundaria para poder avanzar combinando mejoras salariales con compromisos de resultados. ¿No hubiese sido mejor empezar por ahí? En la situación actual, perder un año es un lujo que no nos podemos dar.

En materia de la reforma del Estado, la inserción internacional y la educación el año 2015 fue para el olvido. Se fue y no nos dejó casi nada. En su libro: “Por qué fracasan los países” los profesores Acemoglu (MIT) y Robinson (Harvard) sostienen: “Los países pobres lo son porque quienes tienen el poder toman decisiones que crean pobreza”. En otras palabras, el futuro no está predeterminado, depende de las decisiones que tomemos. Seamos optimistas, el año que arranca viene con oportunidades abiertas para avanzar en áreas críticas. Depende de nosotros.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)