Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

Atraso cambiario

Los datos del BCU del tipo de cambio real con respecto a nuestros principales socios comerciales indican que estamos hoy un 50% más caros que en 2002-03 y un 35% más caros que en 2005-07. ¿Por qué nos encarecimos tanto? ¿Estamos realmente caros o ahora tenemos que ser más caros? ¿Hay atraso cambiario en Uruguay?

Los datos del BCU del tipo de cambio real con respecto a nuestros principales socios comerciales indican que estamos hoy un 50% más caros que en 2002-03 y un 35% más caros que en 2005-07. ¿Por qué nos encarecimos tanto? ¿Estamos realmente caros o ahora tenemos que ser más caros? ¿Hay atraso cambiario en Uruguay?

Empecemos por definir los conceptos de tipo de cambio real y atraso cambiario. El tipo de cambio real es la relación de precios de los bienes transables cuyo precio se fija en los mercados internacionales y los bienes no transables cuyo precio se determina a nivel doméstico. Atraso cambiario es un desequilibrio entre el valor observado y lo que indican los fundamentos económicos que determinan el valor del tipo de cambio real.

Si bien la literatura que analiza los determinantes del tipo de cambio real es amplia, la enorme mayoría de los antecedentes tanto a nivel nacional como internacional consideran un conjunto similar de factores. En un reciente estudio del Centro de Economía del IEEM encontramos evidencia significativa de que el tipo de cambio real de Uruguay está determinado por la productividad relativa del sector transable y no transable, el nivel de ingreso del sector privado y el gasto público en proporción al tamaño de la economía.

Una suba de la productividad en el sector transable produce un aumento de salarios que inexorablemente se traslada a los salarios en el sector no transable en un mercado de trabajo con cierta movilidad. Esto produ- ce un aumento de precios en el sector no transable al aumentar los costos. Dado que los precios del sector transable se fijan en los mercados internacionales (no se enteran de este proceso), con el aumento de productividad se produce un encarecimiento natural del país.

Un aumento del nivel de ingreso del sector privado generado por una suba en el precio de lo que se expor- ta (alimentos) provoca un aumento de la demanda interna. Esto impacta sobre los precios del sector no transable, y como resultado se produce un encarecimiento natural del país.

El gasto público usualmente está orientado al sector no transable (el 70% son salarios y pasividades). Por lo tanto, una suba del gasto público provoca un aumento de la demanda en el sector no transable que impacta sobre los precios del sector y se produce un encarecimiento natural del país.

Según nuestro análisis, no hay evidencia de atraso cambiario hasta 2014. El encarecimiento del país se explicaba por fundamentos económicos: más productividad del sector transable, mayor ingreso del sector privado y más gasto público. Ojo que este tipo de análisis sirve para explicar por qué se encareció el país pero no para decir si está bien o mal.

A partir de 2015 la historia cambia y el tipo de cambio real se empieza a separar de sus determinantes económicos. Los datos actuales indican que el atraso cambiario ya es del orden del 25%. Esto se debe a que se enlenteció el crecimiento del gasto público, la productividad dejó de mejorar y el ingreso privado se deterioró marcadamente. En criollo, estamos 25% más caros que lo que deberíamos.

Una vez cuantificado el atraso cambiario, la pregunta que sigue es quiénes pierden y quiénes ganan con esta realidad. O lo que es lo mismo: ¿quiénes están en el sector transable y no transable de la economía?

se identifica tradicionalmente al sector transable con el agro y la industria y al no transable con el comercio interno. Sin embargo, hay que hilar más fino para determinar cuáles sectores producen bienes o servicios que son comercializables internacionalmente y cuáles no. Dependiendo de la definición que se considere, la cantidad de personas ocupadas en el sector transable oscila entre 265-445 mil, lo que representa el 20-35% del total de la fuerza de trabajo del país. Existen diferencias relevantes entre los trabajadores del sector transable y no transable. Se observa con claridad que el nivel educativo es bastante mayor entre los trabajadores del sector no transable así como también el promedio de ingresos. Al mismo tiempo, la proporción de ocupados en el sector transable es mayor en el interior que en Montevideo, y es mayor en aquellas regiones que tienen más necesidades básicas insatisfechas.

La siguiente pregunta relevante es ¿cómo reducir el atraso cambiario? Lo primero que hay que reconocer es que tenemos un sistema cambiario flexible en donde el valor del dólar responde en gran parte a lo que sucede en los mercados internacionales. Así el dólar subió de $ 28 a $ 33 entre mediados de 2015 y marzo de 2016, y volvió este año a los $ 28. Movimientos similares se observaron en el resto de las economías emergentes integradas financieramente al mundo.

También hay que tener presente que es muy limitado el potencial de intervención del BCU en el mercado de cambios comprando dólares para frenar la caída del dólar. Si la intervención es abultada, y no se esteriliza con emisión de letras de regulación monetaria, traería consigo una inyección de liquidez en la economía que se convertiría en inflación y la suba de precios inter-nos terminaría afectando la competitividad. Para evitarlo, la intervención del BCU debería venir junto con emisión de letras. Si las letras utilizadas tienen tasas de interés elevadas, este camino se vuelve fiscalmente oneroso y, por ende, difícil de sostener en el tiempo. A su vez, este mecanismo puede contribuir a atraer mayores capitales de cartera del exterior, lo que generaría nuevas presiones a la baja del dólar. Para evitar esta dinámica, el camino natural sería generar superávits fiscales por parte del sector público para intervenir en el mercado de cambios sin tener que emitir pesos.

Al mismo tiempo, el atraso cambiario se combate con una menor inflación. Para ello se necesita anunciar metas descendientes creíbles de reducción de la inflación junto con un plan en el que la política fiscal se acople a la monetaria.

Para que todo lo anterior sea viable es necesario un ajuste significativo del gasto público. Sabemos que es complicado, pero no hay otra. Lamentablemente, la historia muestra que no hemos sido capaces de abaratarnos sin antes pasar por dolorosas crisis. Nuestro gran desafío es lograr que esta vez sea diferente.

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