Ignacio Munyo
Ignacio Munyo

Apertura y desarrollo

Existe cierto consenso en que el desarrollo de los países viene de la mano de la producción de bienes y servicios cada vez más complejos. Bajo esta óptica -impulsada entre otros por Ricardo Hausmann (Harvard)- los países progresan en la medida en que son capaces de sofisticar el paquete productivo para exportar bienes de alto valor agregado.

Existe cierto consenso en que el desarrollo de los países viene de la mano de la producción de bienes y servicios cada vez más complejos. Bajo esta óptica -impulsada entre otros por Ricardo Hausmann (Harvard)- los países progresan en la medida en que son capaces de sofisticar el paquete productivo para exportar bienes de alto valor agregado.

La evidencia internacional indica que los países que tienen un paquete productivo sofisticado son también los países con mayores niveles de desarrollo humano.

Al mismo tiempo hay bastante acuerdo en que los países también pueden progresar cuando mejoran la calidad de lo que producen. Los países productores de materias primas no están relegados del desarrollo industrial. No son lo mismo, ni tampoco valen lo mismo, las frutas orgánicas que las no orgánicas, la carne con trazabilidad que sin trazabilidad. Al igual que con la sofisticación, la evidencia internacional muestra que la calidad de las exportaciones es-tá fuertemente correlacionada con el desarrollo de los países.

En lo que no hay acuerdo es cómo se relaciona lo anterior con la inserción internacional. ¿Se tiene que abrir la economía al comercio internacional o se debe mantener al sector productivo protegido de la competencia del exterior? Existen estudios que muestran que la apertura comercial genera un impacto positivo en la sofisticación y en la calidad del paquete productivo. La inversión extranjera directa que llega al país muchas veces impulsa mejoras en ambos frentes. Importar bienes con contenido tecnológico superior a los disponibles en el mercado local posibilita producir bienes de mayor valor agregado y de mayor calidad. A su vez, el acceso a mercados de economías avanzadas también presiona para mejorar la sofisticación y calidad de las exportaciones. A pesar de estos estudios, la realidad indica que estamos lejos de que haya consenso.

Con el objetivo de presentar evidencia aún más contundente, en el Centro de Economía del IEEM -Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo- nos metimos a fondo en el tema. Junto con Victoria Dotta analizamos la estrategia de inserción internacional seguida por todos los países emergentes en los últimos 20 años, la evolución del paquete productivo y los resultados obtenidos en materia de desarrollo. Procesamos la información para los 57 casos para los que hay datos disponibles desde 1995. La apertura comercial la medimos como el promedio simple de las tarifas al comercio exterior con datos de Unctad, la sofisticación de las exportaciones con el Economic Complexity Index de Hausmann e Hidalgo (2009) y la calidad con el Quality Index de Henn (2013). Por su parte, el nivel de desarrollo lo medimos con el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas que incluye no solo el ingreso per cápita sino también indicadores de calidad sanitaria y educativa de la población.

Así la evidencia indica que el 63% de los países analizados se abrió al comercio internacional en los últimos 20 años reduciendo el nivel promedio de tarifas. Dentro de este grupo, un 72% mejoró la sofisticación y entre ellos la mitad también mejoró la calidad de sus productos. Los países que se abrieron, sofisticaron y mejoraron la calidad de su paquete productivo, como era esperable, en su gran mayoría lograron avanzar en el proceso de desarrollo escalando posiciones relativas entre los países emergentes. Por su parte, uno de cada cuatro de los que se abrieron no logró avanzar con la sofisticación de su producción. Sin embargo, la mitad de ellos presentaron mejoras en la calidad de sus exportaciones y por ese camino alcanzaron mejoras en el desarrollo humano. Los datos muestran que el 60% de los países que se abrieron y mejoraron la calidad de su producción sin haber logrado avanzar en la cadena de valor, lograron mejorar su posición en el ranking de desarrollo entre las economías emergentes. Con productos de más valor agregado o con commodities de mayor calidad (o con ambos), la amplia mayoría de los países que se abrieron al comercio exterior presentaron progresos en el camino del desarrollo.

Por el otro lado están los países que optaron por el camino alternativo. El 37% de la muestra no redujo el nivel de tarifas promedio y se mantuvo relativamente cerrado. Entre ellos solamente un 29% logró avanzar posiciones en el ranking de desarrollo humano.

En resumen, si miramos los casos exitosos -los que escalaron posiciones relativas en desarrollo humano- vemos que más del 80% lo hicieron abriendo la economía. El análisis empírico deja un mensaje claro, si bien abrirse al comercio puede desembocar en resultados diversos, que depende de las características internas de cada país, y tiene sus riesgo; la opción de no abrirse es un camino muy poco alentador.

¿Dónde estamos nosotros en esta historia? En los últimos 20 años Uruguay ha reducido la sofisticación de su paquete exportador. La participación de las manufacturas con alto contenido tecnológico en el total de las exportaciones se redujo de 31% a 17%. Sin embargo, al mismo tiempo hemos logrado posicionarnos bien arriba de la escalera de calidad en carne, soja y celulosa, que hoy representan el 43% de nuestras exportaciones de bienes. A pesar de ello, no hemos podido avanzar posiciones relativas en desarrollo humano con respecto a los países emergentes. Ojo, que se entienda bien, sí mejoramos, pero igual o menos que el resto. No estamos entre los casos exitosos. Estamos entre los que decidimos no abrirnos.

Desde Cancillería se busca impulsar una agenda de mayor apertura comercial. Hasta el momento es difícil imaginárselo, a pesar de que la mayoría del sistema político y de la población entiende necesario que existan cambios en la inserción internacional.

Es claro que en el actual contexto es muy complejo conciliar nuestra política exterior con el interés general del país y salir de la parálisis. También es claro que últimamente la discusión en la materia está completamente desenfocada. Urge centrar el debate de nuestra inserción internacional. Si tuviéramos claro todo lo que nos está costando, no debería ser tan difícil.

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