Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Otros desafíos vitales

En el último artículo expuse sintéticamente el desafío que enfrentará el próximo gobierno de una democracia con disfuncionalidades y escasa apreciación de parte de los gobernados. Un desafío institucional muy serio.

En el último artículo expuse sintéticamente el desafío que enfrentará el próximo gobierno de una democracia con disfuncionalidades y escasa apreciación de parte de los gobernados. Un desafío institucional muy serio.

Hoy trataré de otro, emparentado a aquél: el decaecimiento en nuestro país del Estado de Derecho.
¿Qué es? Suena leguleyo pero es algo muy práctico, concreto y básico. Nada más, ni nada menos que la existencia de normas jurídicas generales, racionales y objetivas que luego son respetadas y cumplidas, en primer lugar por quienes deben interpretarlas y por quienes deben aplicarlas, luego por la sociedad en general.
¿Y por qué digo que eso está amenazado y erosionado? ¿En qué se nota?
Para empezar, en las barbaridades que el parlamento viene aprobando bajo el nombre y la forma de leyes. El uso automatizado de las mayorías y la falta de responsabilidad y aún decoro en los legisladores oficialistas ha llevado a que el Parlamento parezca una fábrica de chorizos, donde entran por un lado los proyectos del Ejecutivo y salen las leyes por la otra punta, sin estudio ni contralor.
Al punto que cuando se les advierte que lo que están por votar es una barbaridad jurídica, violatoria de la Constitución, las soluciones que dan es que no importa, porque después lo arreglarán o, como vienen de hacer a pedido de Vázquez con la ley de medios, postergan la votación a brazo enyesado hasta después de las elecciones. Nunca se había visto!
Hace mucho tiempo que se perdió la noción (y el respeto) hacia la ley como fruto de la razón que interpreta (y respeta) la realidad. Ha sido sustituido por una concepción voluntarista que la considera una herramienta de la voluntad del gobierno para fabricar o, más comúnmente, torcer la realidad.
Esa misma aberración se da a nivel de decretos y resoluciones. Este gobierno ha sido una verdadera máquina de producir normas ilegales o inconstitucionales, al grito alegre de que lo político está por encima de lo jurídico. La limitación por decreto de la libertad de comercio en el caso de las farmacias, es apenas un buen ejemplo de esto.
El escalón siguiente se da cuando el poder, bajo distintas formas, resuelve arbitrariamente cosas, como mantener sus resoluciones en Secreto (Ministerio de Economía – Pluna) o transformar cargos públicos en representaciones sindicales o simplemente ocupar la Suprema Corte de Justicia cuando discrepa con alguna de sus decisiones.
Todavía queda otro nivel, más sofisticado jurídicamente y con una historia más larga, de creación jurídica, primero doctrinaria y luego jurisprudencial, que ha ido “flexibilizando” el derecho civil contractual, alejándolo de su sentido original objetivo, para llevarlo a posiciones más “humanas”, al amparo de interpretaciones del sentido de la buena fe o de la realidad económica o de la igualdad de las partes, entre otras.
Tema para un tratamiento especial.
¿Por qué está ocurriendo esto, que va dejando a las personas menos protegidas o con menos certeza de su protección jurídica, fin primario de la institución Democracia y razón fundamental para su creación?
Algunas raíces vienen de muy atrás, del abandono de las premisas filosóficas aristotélicas y escolásticas, así como de las certezas teológicas.
El Iluminismo, con su optimismo racional y su escasa humildad, creyó tarea fácil el descartar aquellas estructuras de pensamiento y vida y sustituirlas por otras: la razón pura, la utilidad, la intuición, el interés personal, el sentimiento, la psicología, el determinismo material….
Pero ninguno de sus esfuerzos tuvo como resultado un edificio filosófico que soportara y ordenara la vida del hombre: personal (ética, moral) o social (política). En su lugar, vamos navegando sin rumbos indiscutidos, al compás de un relativismo más o menos egoísta.
Ese vacío está siendo llenado en nuestro país por una mezcla de ideología y cultura, que va inventando principios a la medida de situaciones que se busca resolver, habiendo colocado en la cúspide del panteón de principios a la igualdad: todo por y para la igualdad.
Aplicando el principio marxista de que el derecho material es superior a la ficción burguesa del derecho formal. Traducido al criollo por aquello de que la política está por encima de lo jurídico.
Vena vernácula que ha llevado, por obra del presidente y su poderosa arma de marketing personal, a la desvalorización de las instituciones, vaciadas de aquellas dos notas básicas exigidas por los antiguos: Gravitas y Auctoritas.
Continuará.

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