Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Inversión y esquizofrenia

Lo segundo es lo que el Frente Amplio tiene con relación a la primera.

Lo segundo es lo que el Frente Amplio tiene con relación a la primera.

Veamos:

1.- Quiere que haya inversión (al menos una parte del Frente).

Dice ser consciente de que sin inversión no hay crecimiento, ni desarrollo y que, sin estos, es imposible distribuir.

2.- También dice el Frente Amplio (aunque en voz más bajita), que el Uruguay tiene un problema de ahorro insuficiente.

Lo que los obliga a buscar inversores extranjeros. Vengan de donde vengan: capitalismo internacional, multinacionales… lo que sea.

Para que esa búsqueda dé frutos, el gobierno imita a sus antecesores, (neoliberales y conservadores), y organiza fonoeléctricas a distintos rincones del mundo. Pero como por lo general no dan mayor resultado concreto, encarna el espinel con sustanciosas exoneraciones tributarias y tratamientos excepcionales en otros campos (como el laboral, últimamente). Es decir, están en contra del gran capital, del imperialismo económico y financiero, de las multinacionales y todo eso, en todo, menos en que vengan a instalarse en nuestro país, controlando medios de producción. No digo que estoy en contra, pero es un hecho que, desde que se fueron los ingleses, dudo que haya existido una época con más extranjeros dueños de campos y de empresas.

3.- Como machaca el ministro de Economía, la inversión es “absolutamente fundamental”, (a veces pienso que una forma letal de combatir a la izquierda sería prohibirle el uso de adverbios y adjetivos). Correcto, pero entonces, ¿por qué es lo primero que cortan?

Durante todos estos años de bonanza, los gobiernos del Frente sistemáticamente redujeron o postergaron la inversión pública, priorizando en su lugar al gasto. Bautizado muchas veces como “inversión social” (mientras no se prohíban adjetivos…), pero gasto al fin.

Incluso en materia de educación, (que como se sabe es la creación de capital humano para el desarrollo), área en la cual los últimos gobiernos aumentaron muchísimo los recursos, la forma en que lo hicieron fue realmente de incremento del gasto -salarios básicamente- sin contrapartida, es decir con poco o nulo retorno. La diferencia fundamental entre gasto e inversión está en que aquel se consume, no reproduce.

4.- Volviendo al vínculo entre inversión y ahorro:

El sentido común indicaría que si para el gobierno aquella es ABSOLUTAMENTE fundamental, también debería serlo el ahorro, ya que sin él, minga de inversión. Sin embargo, al Frente parece gustarle una realidad en que se invierta sin necesidad de ahorro previo. De lo contrario, ¿qué tanto interés en aplicar impuestos como el IRPF, que cae sobre el ahorro o como el Impuesto al Patrimonio, que castiga directamente a la inversión?

5.- La esquizofrenia se extiende también a otros planos. Es sabido que una sociedad crece económicamente en función de lo que invierte en capital. Capital físico y capital humano.

Vimos que con relación al primero, el gobierno tiene una posición ABSOLUTAMENTE favorable. Bueno, a veces. Pero, como sea, lo curioso es que para el incremento de capital físico el gobierno lo promueve a nivel privado, (al tiempo que reduce o posterga la inversión pública), con todo tipo de beneficios (eufemísticamente bautizados: “sacrificios fiscales”). Pero al mismo tiempo, en materia de inversión en capital humano, el Frente Amplio (no el gobierno, a ser sincero), le quita a la educación privada los poquísimos beneficios que tiene. Inversión física privada: ABSOLUTAMENTE fundamental. Inversión educativa privada: al hoyo.

6.- El Frente quiere inversiones, cuanti más grandes, mejor y si de multinacionales, ni te cuento.

Pero no le gustan los bancos, ni nada que huela a actividad financiera (salvo en lo referente a la colocación de deuda pública).

7.- Por último, nuestra izquierda quiere inversiones y quiere desarrollo, pero no le gusta nada ni el enriquecimiento ni el éxito.

En el fondo lo que realmente le gusta es que vengan unos giles del exterior a poner plata, para que después quede en manos del Estado y de las corporaciones (muchas veces mediante la triquiñuela de cambiar las reglas de juego después que los entramparon).

Marx era fantasioso, como todos los Iluministas, pero tenía horror a los Utópicos.

¿Qué diría si nos viera ahora, entre el coqueteo a los extranjeros ricos y los intentos de remedar a los neoliberales creando sociedades anónimas, fideicomisos y PPPs para tratar de hacer funcionar un Estado empantanado? Jugando a los empresarios sin querer someterse a las reglas del juego.

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