Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Hay trenes y trenes

Fue una vez, allá por el 2006 cuando Tabaré Vázquez en su primera presidencia dijo aquella frase que él creyó memorable y luego se hizo famosa. Tristemente famosa. “Hay trenes que solo pasan una vez”.

Fue una vez, allá por el 2006 cuando Tabaré Vázquez en su primera presidencia dijo aquella frase que él creyó memorable y luego se hizo famosa. Tristemente famosa. “Hay trenes que solo pasan una vez”.

Aquel tren era regalo caído del cielo: la oferta, totalmente inesperada, del gobierno americano para que Uruguay negociara con ellos un Tratado de Libre Comercio (TLC). Flor de pegada para el gobierno de Uruguay, no muy merecida, ya que respondía no a sus méritos, todavía por verse, sino a los acumulados por el país bajo los anteriores gobiernos. Pero, buenísimo, igual.

Duró poco ese tren. Reinaldo Gargano lo trancó duro el mismo día del anuncio, a la salida nomás del evento y luego, buena parte del partido de gobierno y su brazo sindical se encargaron de descarrilarlo definitivamente. En su lugar nos tiraron con el TIFA que, como se sabe, quiere decir: “Train is far away” (el tren está lejos).

Una verdadera pena. Para el Uruguay la apertura comercial de y hacia los Estados Unidos hubiera sido un fenómeno transformador, presionando en favor de mejorar la productividad, reducir las trabas regulatorias y las conductas corporativas egoístas, poner en evidencia los atavismos culturales y, en general, permitir mejores niveles de vida, tanto económicos como culturales.

Aquel tren se perdió. Triste. Muy triste. Pero lo más triste es que ese no fue el único tren.

El Frente tuvo la suerte de recibir durante diez años, el regalo del tren de la prosperidad venida de afuera. Nuevamente, posibilitado por las reformas liberales del gobierno Lacalle y las medidas de emergencia y salvataje del gobierno Batlle.

Sobre esas bases, la primer administración Váz-quez y la presidencia de Mujica recibieron y vieron pa-sar el tren de la mayor prosperidad que al país le tocó desde mediados de los años 40 del siglo pasado.

¿Qué nos dejó?

Poco hay para recordar de la primera presidencia Vázquez: la “madre de todas las Reformas” (refería al Estado, ¿recuerdan?), no llegó ni a tantear el arranque. El porcentaje mítico para la educación, no es que haya fracasado en sí por no haberlo alcanzado, es que casi no sirvió para nada. Un esfuerzo al ñudo. ¿Qué más? Nos hablaron de la reforma tributaria: esa sí que se vio. Se vio, se ve y se padece: el país ha batido todos sus récords en materia de carga tributaria. Y después estaba la reforma de la salud: se le sienten los crujidos. Como dicen los brasileños: “ saí de baixo!”.

En cambio, la presidencia Mujica sí que tiene claros sus logros: marihuana, aborto y matrimonio gay. Esos trenes sí que están para quedarse.

Pero tanto es el tarro que tiene el Frente Amplio que ahora vuelve a aparecer en el horizonte otro tren cargado de regalos, viene de Finlandia. Se llama UPM.

Esta vez el Sr. Vázquez no se anima a pronunciar las palabras fatídicas, pero está jugado, jugadísimo, a que este tren no se le escape. Es que no parece tener otra cosa para los tres años que le quedan de gobierno.

Lo irónico es que este tren depende de otros trenes.

Que, a su vez dependen de nosotros. Son los que tenemos que hacer funcionar para que los finlandeses concreten su anunciada inversión.

Para aquel primer tren, había obstáculos internos, básicamente culturales, encarnados en atavismos ideológicos y en intereses corporativos.

Los de hoy también son culturales e ideológicos (y por tanto, formidables), pero se manifiestan de manera distinta.

El Estado uruguayo ha alcanzado niveles superiores de incapacidad de gestión. Nunca vistos. Perder cientos de millones de dólares produciendo bienes de primera necesidad en régimen de monopolio -por ejemplo. Para el Guinness (o para Maduro, que es mucho más que el Guinness).

Bueno, pues esa misma genialidad amenaza a colocar al Sr. Vázquez otra vez ante un tren que lo deje en el andén, con las manos vacías: si no consigue hacer que existan los trenes uruguayos que exige UPM, habremos perdido otra oportunidad más.

El presidente debe estar viviendo una pesadilla. Lo compadezco.

Aunque es una pesadilla de fabricación casera. Partidaria, en buena medida.

Es que el Uruguay está viajando en el Tren de las Nubes, impulsado por locomotoras ideológicas y culturales. Hasta que, como dice el tango, nos cache el porvenir (otra vez).I

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