Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Hay un mundo...

Más allá del comité. Nuestro gobierno acaba de decirle al del Brasil que no es legítimo y, (por si no le quedó claro), que haber destituido a Dilma fue una injusticia. No una cualquiera, sino una “profunda injusticia”.

Más allá del comité. Nuestro gobierno acaba de decirle al del Brasil que no es legítimo y, (por si no le quedó claro), que haber destituido a Dilma fue una injusticia. No una cualquiera, sino una “profunda injusticia”.

¡Qué fenómenos!

Otra vez, (como cuando el TLC y el TIFA), primó la hinchada por sobre el interés nacional. El corto plazo miope, sobre una visión de estado, nacional, estratégica.

Increíble cocktail de ignorancia fraguado en la soberbia. ¿Qué se han creído : una especie de Catón universal?

¿Qué se les pasó por la cabeza cuando hacían tamaña declaración? ¿Pensaban que iban a disciplinar al Brasil, a enseñarle una lección a su gobierno, su parlamento y su Poder Judicial? ¿Que el mundo los aplaudiría, embelesado por su alcurnia moral?

¿Cuál es el interés nacional que se fortalecerá con esta movida? ¿Dónde está el beneficio para nuestro país?

¿Cómo imaginan que habrá de reaccionar el gobierno brasileño? ¿Alguna vez leyeron algo de historia?

¿Qué mundo están mirando? ¿El de Nicolás Maduro y Evo Morales? Ciertamente no el de los hermanos Castro, que bien se cuidaron de amigarse con el imperio cuando se les terminaron los compañeros ricos.

Miremos al mundo y mirémonos a nosotros mismos: ¿con quién podremos negociar, solos? Entiendan, de una vez: las relaciones exteriores ni son un comité de base, ni tampoco una suerte de púlpito, desde donde predicar sermones a otros países o gobiernos. Mujica es lo más cool que se ha visto, pero en su propio beneficio. Al país no le trajo, ni le traerá, nada. Relaciones exteriores tiene esencialmente un foco: el interés nacional. Cierto es que pueden a veces sobrevenir coyunturas en las que ese interés no coincida con principios, éticos o aún jurídicos y obligue a decisiones duras. Pero claramente no es éste el caso.

Lo ocurrido en Brasil fue ciertamente una discusión ética, política y jurídica, que desembocó en la destitución de la presidente Rousseff, sólo que nada tiene el Uruguay que hacer en ella. Ni nos consultaron antes, ni durante, ni después. Simplemente nos fuimos a meter donde nadie nos llamó. Bueno, Lula sí, y era razón suficiente para no entrar.

Un curso elemental de diplomacia empieza por enseñar a distinguir lo que es un asunto interno de un país y lo que no. Hablarle al gobierno brasileño en funciones de ilegitimidad e injusticia es una mojadura de oreja, totalmente innecesaria e inconveniente. Pero además negativa y, por si fuera poco, inoportuna.

¿O acaso no cayó nuestro gobierno en la cuenta de que ya veníamos atravesados con Brasil por (nada menos), que la presidencia del Mercosur, (cosa inútil si las hay), hábilmente agravado por las declaraciones del canciller sobre el shopping brasileño y luego oportunamente culminadas con las del Ministro del Interior, calificando el proceso de golpe de estado: ¡el Ministro del Interior! A quien ni le pidieron la renuncia ni, como mínimo, le pegaron un reto públicamente.

Hasta el propio presidente Vázquez se encargó de echar sal en la herida, declarando que dentro de poco visitará China y celebrará acuerdos comerciales por las propias. Como diciendo: si los demás socios quieren tallar, que se aviven. Me imagino lo interesado que estará China en tener un acuerdo con nosotros sin las molestias que implica Brasil. Me imagino también que al presidente Temer, presente en China para la reunión del G20, con su canciller y numerosa comitiva empresarial, no se le debe haber ocurrido conversar con Xi Jinping de temas comerciales y posibles acuerdos. Seguro que China no hará nada, a la espera de la visita del Dr. Tabaré Vázquez.

Ahora, a prepararse.

Esta factura, el gobierno brasileño la va a cobrar. Sin apuro, pero sin olvido. La va a cobrar en sus aduanas y en sus carreteras y en todos los foros y oportunidades en los que pueda ponernos la plancha o, por lo menos, patearnos las canillas.

Pero, además, ¿de dónde sale esa soberbia que le hace creer al gobierno y a su partido que son superiores a todo el mundo? ¿Acaso ya olvidaron el caso Sendic-Ancap? ¿No fue “profundamente injusto” exonerarlo de graves cargos por imperio de una mayoría parlamentaria?

El gobierno tiene que ubicarse en la realidad. Hubiera bastado con una declaración sin juicios ni calificativos, deseándole al Brasil lo mejor, inclusive verbal, por boca del Canciller y hasta haber aprovechado el desubique del Sr. Bonomi para afirmar que no nos metemos en asuntos internos de otros países.

Diplomacia, que le dicen.

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