Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Hábil, pero equivocado

El domingo pasado, en páginas de este diario -él sí ejemplo de laicidad bien entendida-, el expresidente Sanguinetti pretendió zanjar el debate surgido en nuestra sociedad por la prohibición del gobierno montevideano a la colocación de una imagen de la Virgen María en unos pocos metros cuadrados de la rambla, (donde están desde Isabel de España, Millington Drake, Iemanjá, Confucio, el Holocausto, varios clubs de pesca, otros tantos de fóbal, Gandhi, Zorrilla, Churchill, un gigantesco bibelot de plástico azul y qué sé yo qué más).

El domingo pasado, en páginas de este diario -él sí ejemplo de laicidad bien entendida-, el expresidente Sanguinetti pretendió zanjar el debate surgido en nuestra sociedad por la prohibición del gobierno montevideano a la colocación de una imagen de la Virgen María en unos pocos metros cuadrados de la rambla, (donde están desde Isabel de España, Millington Drake, Iemanjá, Confucio, el Holocausto, varios clubs de pesca, otros tantos de fóbal, Gandhi, Zorrilla, Churchill, un gigantesco bibelot de plástico azul y qué sé yo qué más).

Lo hace con reconocida astucia. Que no alcanza a enmascarar algunos errores y varias falacias.

A lo primero debe adjudicarse, por benignidad, el intento de acorazarse, de pique, ante cualquier posible contrataque, utilizando a José Pedro Varela (“…si a alguien molestaría -la imagen de la Virgen- sería a José Pedro Varela …”).

No señor. Ya se ha demostrado hasta el cansancio que la concepción de la laicidad que tenía Varela no era la italo-francesa-carbonaria, sino la anglosajona. Así, en su libro “La Educación del Pueblo”, Varela describe la educación laica usando los términos ingleses: “unsectarian, pero no godless, no pertenece exclusivamente a ninguna secta y, por la misma razón, no es atea, ya que el ateísmo es también una doctrina religiosa, por más absurda que pueda considerarse”. (T.I Cap XI). Para Varela, y así debe ser (pero no es), laicismo equivalía a pluralismo.

Pasemos a las falacias. Algunas, por lo menos.

Primera Falacia: que la solicitud de colocar la imagen estaba atada a un lugar determinado y que en el mismo se suelen congregar vecinos, de cuando en cuando, a rezar.

Con lo cual, según el sr. Sanguinetti, si se pone una imagen donde a veces alguna gente reza, “consolida el lugar como exclusividad católica”. Lo sancionaría como algo no solo exclusivo, sino excluyente.

Más allá de que, si fuera cierto, la consecuencia sería de que la población de Montevideo vería su libertad ambulatoria restringida en unos tres o cuatro metros cuadrados, el argumento debería llevar al absurdo de prohibir que se pongan arcos de football en los campitos de la rambla donde se juegan picaditos.

Para el sr. Sanguinetti, nadie hubiera objetado si la imagen se pusiera en “cualquier otro destino”. El detalle es que no ocurrió así. El ingenioso argumento no fue planteado por ninguno de los que votaron en contra y si se hubiera propuesto cambiar el lugar, la votación habría sido exactamente la misma.

Falacia Dos: que como el Estado “no sostiene religión alguna”, eso lleva, necesariamente a “una neutra- lidad absoluta del espacio público”.

Nada más fantasioso: que el Estado no sostenga religión alguna (habría que ver qué opinaría Varela de esto, con su descripción del ateísmo), no equivale lógicamente a que el Estado deba prohibir toda manifestación religiosa.

Por lo demás, si algo no hay en nuestra ciudad es neutralidad absoluta de los espacios públicos.

Error Dos: que la prueba de que el Estado no está contra las religiones es “que exonera de impuestos a los templos…”.

El Estado no exonera a nadie de nada. Quien estableció las exoneraciones fue el constituyente y lo hizo porque participaba de una filosofía política muy diversa a la del sr. Sanguinetti. Una concepción que no tiene al Estado por centro, sino a la sociedad.

Precisamente por eso, por valorar a la sociedad por sobre el Estado, es que el constituyente dispuso -y no solo para los lugares de culto- que bien valía retacearle recursos a este para beneficiar a aquella.

Falacia Tres: que vivimos una “plena libertad religiosa”.

Una cosa es que no existan pogromos y otros tipos de acciones violentas, pero de ahí a la plena libertad hay un abismo, que se ha tragado todo intento de tratar a la educación católica por igual que a la no religiosa y que se niega a permitir manifestaciones de la libertad religiosa como la que hoy nos ocupa.

Error Tres: que el Estado ha sido la garantía de esa libertad religiosa.

Nuevamente, la garantía de los derechos no está en el Estado, sino en la Constitución y en la ley, (que el Estado, muchas veces, como en este caso, no cumple).

La escaramuza terminó, (es por eso mismo que el sr. Sanguinetti sale ahora a opinar. Antes hubiera quedado identificado con la izquierda, cosa que no le gusta).

El resultado de aquella aparece como negativo. Pero, bien mirado, ha tenido el efecto de remover conciencias y despertar espíritus, no “pasiones negativas”, como cree ver el sr. Sanguinetti.

El cristiano debe ver el episodio sin ninguna animosidad, en lo que tuvo de positivo: una oportunidad de vivir la fe en la adversidad y una oportunidad, también, de vivir el amor hacia quienes actuaron equivocados.

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