Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Desafíos vitales (II)

El segundo (ver 24/8) orden de desafíos es institucional. Lo institucional y lo político conviven. Lo político hace más al plano existencial de la Democracia. Las instituciones tienen una nota de permanencia, son su estructura, parte de su esencia.

Y nuestro Uruguay tiene aquí serios desafíos : de funcionamiento de sus instituciones, pero también de su preservación. Empecemos por la más importante: la Democracia.

Hoy el mundo vive mayoritariamente en Democracia , por lo menos formalmente. Pero es igualmente prevalente el hecho de que la mayoría de quienes viven bajo ese régimen lo hacen con cierto grado de disconformidad. Críticos, cuando no desilusionados o aún calientes, con ella.

Periódicamente se hacen estudios acerca de la institución y los encuestados responden favorablemente (nadie dice que desprecia a la Democracia ). Pero luego, cuando el encuestador baja a preguntas concretas sobre los elementos que componen una democracia: el gobierno, el parlamento, el Estado, los partidos, los políticos…, las respuestas son siempre críticas o directamente negativas. La idea o el ideal de Democracia, todo bien, pero nuestra democracia concreta funciona para el demonio. Uruguay no es excepción. Hay en nuestra sociedad un profundo desinterés y hasta apatía con relación a la Democracia, sazonado de descrédito por su funcionamiento y sus resultados.

Tema serio, viejo y discutido. ¿Es un problema de oferta, como cree la gente? ¿Culpa de los políticos, los gobernantes, los funcionarios, que no hacen lo que deberían?

¿O es un problema de demanda: las sociedades han ido generando un cúmulo de expectativas que ya no es posible satisfacer? ¿O, quizás, una combinación de ambos factores?

Abundan las teorías y no da el espacio para desarrollarlas todas. Apenas enunciaré algunas:

1º. La Democracia no es un mecanismo de selección de los mejores, onda agencias de contratación. No debe sorprender si las calificaciones de los candidatos electos dista de las exigidas para el Premio Nobel, o aún para llenar cargos ejecutivos en empresas privadas. Esto no es una excusa para la mediocridad. Simplemente una constatación empírica.

2º. La Democracia se basa en la articulación, el compromiso, la transacción. Nada de lo cual implica heroísmo, nitidez o resultados deslumbrantes. Lo que, a su vez, no facilita adhesiones fervorosas. Más bien indiferencia, cuando no menosprecio, frente a la medianía, el apartamiento de los principios, la matización de los ideales……etc.

3º. La Democracia nació para el ser humano, más concretamente, para la protección de sus derechos fundamentales, diríamos primigenios: la vida, la libertad y la propiedad. Gustará o no, pero así ocurrió, históricamente. Luego, a lo largo de siglos, fue aumentando el número y el perfil de los actores y con ellos los derechos puestos debajo del ala protectora de la Democracia. Nuevos partícipes, nuevos temas, nuevas expectativas.

Este proceso tuvo dos hitos históricos que significaron saltos, cualitativos y cuantitativos: las dos guerras mundiales. Habían succionado y triturado sociedades enteras, no meramente soldados profesionales como antes, y esas sociedades reclamaron que si tenían el deber de sacrificarse, no se les podía negar los derechos de participar. Así, la Democracia pasó a tener que ocuparse de la salud, la educación, la pobreza, la invalidez, la vivienda, la vejez…Pero además, durante las guerras, todos los gobiernos afectados, cualesquiera su ideología, tuvieron que aplicar severos regímenes de planificación y regulación, para poder afrontar las enormes necesidades y urgencias de las guerras. Cuando terminaron, fue muy difícil abandonar esas prácticas.

Más tareas para la Democracia, más expectativas, más difícil cumplir.
4º. Una de las consecuencias (víctimas?) de este proceso ha sido el Parlamento. De origen más bien jurisdiccional que legislativo, con el advenimiento de la Democracia fue la institución de los gobernados, colocada frente a los gobernantes con el cometido de proteger a aquellos en sus derechos. Su sentido no era legislar (no lo hacía) si no controlar y proteger. Con el tiempo pasó a ser algo diferente. Hasta cambió de nombre. Nuestro Poder Legislativo es una parte del gobierno, colocada frente a los ciudadanos, con el rol de “hacer” leyes. La gente le atribuye la responsabilidad de generar realidades a golpe de Leyes. Puede y debe mejorar la realidad en la línea de mis expectativas. Algo totalmente imposible, claro, que termina generando frustración y menosprecio.

5º. Todo el proceso de incremento en el número y tipo de actores, temas y expectativas ha hecho que la trama devengue en algo muy complejo y muy lejano: muchos Ministerios, oficinas, servicios, entes, sociedades para estatales y una cosmogonía de funcionarios, conforman realidades difíciles de comprender para los gobernados. Favorece la falta de sintonía y de compromiso.

6º. Por último, los medios de comunicación, inexistentes cuando la creación de la Democracia, hoy generan por lo menos dos efectos negativos: la transformación de la información en entretenimiento, funcional al rating y fomentan la pasividad del ciudadano. Su obligación cívica de informarse pende de un click.

Continuará

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