Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Soluciones postergadas

Hablar de aplicar una política de Estado dirigida al desarrollo sustentable en nuestro país, significa estar dispuesto a llevar adelante transformaciones y cambios significativos en la planificación y en la gestión.

Hablar de aplicar una política de Estado dirigida al desarrollo sustentable en nuestro país, significa estar dispuesto a llevar adelante transformaciones y cambios significativos en la planificación y en la gestión.

Es costoso en lo inmediato pero muy rentable a mediano y largo plazo. Significa planificar para las nuevas generaciones, con mentalidad abierta, generosa y sobre todo práctica.

Es bien conocida la encrucijada en la que nos encontramos debido al alto estado de degradación ecosistémica que padece la cuenca del río Santa Lucía. Las actividades humanas son las responsables del peligroso nivel de contaminación que sufre este gran río y sus afluentes.

A pesar de que disponemos de un muy buen diagnóstico de la situación, las soluciones reales no llegan. Porque implica hacer cumplir el marco normativo sin excepciones ni miramientos.

Una vez más parece subordinarse el bien común a situaciones particulares, algo que no puede explicarse, y menos justificarse.

En mucha menor escala y casi pasando desapercibida está la lamentable situación ambiental que viven los bañados de Carrasco. Estos humedales ubicados entre los departamentos de Montevideo y Canelones son parte importante de la regulación hidrológica de esta amplia zona.

Cuando la ignorancia campeaba, los bañados eran vistos como lugares sucios, desagradables y negativos que merecían desaparecer. Hace más de cuarenta años se emprendieron en la zona obras de desecamiento con el fin de tratar de terminar con ellos.

Como ha ocurrido en todas partes del mundo en las que se intentó esta estrategia, los resultados fueron pésimos. Los humedales son biomas y ecosistemas sumamente beneficiosos para la salud ambiental de la región en donde se hallan. Regulan los ciclos hidrológicos atenuando las sequías y frenando inundaciones. Ayudan a purificar el agua, especialmente de los contaminantes provenientes de las actividades agropecuarias, como fertilizantes y plaguicidas. Si se les permitiera cumplir cabalmente con esta función natural, evitarán que sus aguas contaminadas sigan llegando a las playas. Constituyen excelentes refugios de fauna y flora nativa. Y como si todo esto fuera poco su presencia contribuye a regular el calentamiento global -causante del cambio climático.

¿Por qué si todo esto se conoce los bañados de Carrasco están abandonados a su suerte, sumidos en una evidente desprotección?

En ellos se constata fácilmente la deforestación, la presencia de grandes basurales, el vertimiento en sus aguas de toda clase de contaminantes, la extracción de turba, la caza furtiva y otras formas de degradación del ecosistema.

A pesar del elevado grado de deterioro que presente, la presencia de áreas en buen estado y su estratégica ubicación justifican plenamente que sea declarada área protegida, con un estatus que se adecue a la realidad urbanística que presenta.

Todo esto ocurre en un momento muy especial del país, pues Uruguay actualmente preside el Comité Permanente de la Convención Ramsar. El objetivo principal de este acuerdo mundial es proteger a los humedales de todo el planeta.

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