Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

¿Política nacional?

El Gobierno presentó el documento pomposamente titulado Política Nacional de Cambio Climático.

El Gobierno presentó el documento pomposamente titulado Política Nacional de Cambio Climático.

Lo define como un instrumento estratégico y programático, de aplicación de largo plazo, para producir transformaciones en el país que le permitan hacer frente a los desafíos del cambio climático a nivel nacional y subnacional, tanto para la adaptación como la mitigación.

Incluye las dimensiones: gobernanza, conocimiento, social, ambiental y productiva.

Si bien es escueto en exceso, resulta obvio que la consecución de sus objetivos compromete los planes de desarrollo al 2050.

¿Cómo se explica que no se haya elevado a consideración del Parlamento para su estudio y aprobación?

Algo tan ambicioso como una política nacional que, de una forma u otra, incluye todas las actividades del país, requiere de una profunda discusión y de los máximos apoyos posibles para que, una vez transformado en ley se aplique sin excepciones.

Sin embargo el propio documento se inicia aclarando que es un “Instrumento estratégico y programático preparado por el Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático y Variabilidad, ajustado y adoptado con opinión favorable por el Gabinete Nacional Ambiental el 27 de abril de 2017”. ¿Apenas logró la opinión favorable del Gabinete? ¿Y el resto quedó fuera?

Nació con una fragilidad tal que solo permite tener atisbos de optimismo.

Ni siquiera el Poder Ejecutivo lo aprobó como decreto para darle fuerza jurídica.

El cada vez más amenazante asunto del cambio climático a nuestro entender se sigue manejando con demasiado descuido, como si se tratara de algo de poca importancia.

En lo internacional el IPCC -panel de científicos del todo el mundo- viene advirtiendo al mundo que ya no se cumplirá con el objetivo planteado en el Acuerdo de París de no sobrepasar el incremento de 2 grados centígrados en la temperatura promedio mundial -con respecto a la época preindustrial- considerando las promesas de mitigación presentadas por los países. Ocurrirá antes de que el Acuerdo entre en vigor en 2020. Países como India, China y EE.UU. promueven la construcción de plantas de carbón -el combustible más sucio. Ante lo que esta realidad significa, las naciones del mundo ya deberían abocarse a rever los objetivos de París y definir nuevas estrategias para revertir el actual proceso.

En lo nacional, el Gobierno difunde este documento, en el cual habla de reducir emisiones de carbono, proteger los recursos hídricos, conservar los ecosistemas, profundizar la matriz energética en fuente de bajas emisiones de gases de invernadero y al mismo tiempo impulsa la búsqueda y eventual explotación de hidrocarburos en el territorio nacional, sin querer prohibir explícitamente el uso de la técnica del fracking.

También llama mucho la atención que esta política nacional no le otorgue un lugar de destaque a la participación ciudadana -a través de las organizaciones no gubernamentales- y a los gobiernos y autoridades locales, pues sus comunidades son las principales afectadas por el cambio climático, el cual se manifiesta de manera diferente según la zona del país. Otra vez estamos frente al lanzamiento de planes con bombos y platillos que luego no sirven para nada.

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