Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Navegando en aguas turbias

Todo parece indicar que el Poder Ejecutivo finalmente firmará el contrato con la empresa que impulsa el proyecto Aratirí de explotación de hierro a cielo abierto en la zona de Valentines.

Todo parece indicar que el Poder Ejecutivo finalmente firmará el contrato con la empresa que impulsa el proyecto Aratirí de explotación de hierro a cielo abierto en la zona de Valentines.

Lo que sorprende más de esta decisión es el apuro injustificado del gobierno por contraer compromisos con una empresa extranjera a cambio de nada, de negociar condiciones cuando ni siquiera dispone de los informes técnicos de la Dirección Nacional de Medio Ambiente que acrediten la viabilidad del proyecto atendiendo los más elevados intereses del país, como lo mandata la ley.

Tal cual está plantado el proyecto afectará a 197 padrones que son propiedad de 82 productores de las zonas involucradas. Llueven los cuestionamientos. Involucran aspectos ambientales, sociales, económicos y políticos.

En los últimos días el propio Presidente de la República, haciéndose eco de tantas preguntas que aún no reciben respuestas convincentes, hizo trascender su preocupación por reforzar las garantías a exigirle a la empresa y mejorar las tareas de mitigación del impacto ambiental.

Resulta asombroso que el gobierno informe a la opinión pública , respecto de los términos secretos del contrato con la empresa privada que los negociadores están considerando con mucho cuidado respecto de lo concerniente a las tareas de mitigación de los impactos ambientales negativos, que deberá cumplir la minera a lo largo del proceso de explotación del hierro.

¿De qué manera se puede cumplir con esta delicada tarea si aún no se ha expedido el organismo especializado en la materia del Estado uruguayo?

Sin el informe técnico final de la Dirección Nacional de Medio Ambiente los negociadores gubernamentales no tienen información relevante, argumentos consistentes ni opiniones técnicas propias, para negociar algo tan complicado y costoso como lo son las medidas de mitigación de los daños que ocasionará la extracción de dieciocho millones de toneladas de concentrado de hierro del subsuelo uruguayo. Recordemos que esa concentración es muy baja -del orden del 26%- lo que implica utilizar enormes cantidades de energía, materia prima y otros insumos para lograrlo.

Si esta fase del proyecto se toma con la seriedad de exige un emprendimiento de gran porte, cabe la posibilidad de que las exigencias impuestas por las autoridades lo hagan hasta económicamente inviable. Por lo tanto, resulta injustificable que hoy se están llevando a cabo negociaciones a puerta cerrada en este estado de situación y con estas condiciones.

Una de las informaciones que ha trascendido de parte de la empresa en materia del Plan de Cierre de las cinco minas (cuatro cráteres de 100 hectáreas de superficie y 200 metros de profundidad cada uno, y un cráter de 400 hectáreas y 380 metros) es que estos inmensos hoyos quedarán para siempre en la zona y se llenarían con agua en un período de ¡ochenta años!

No se trata de una estrategia de mitigación de los daños provocados por la extracción del metal, sino del simple accionar de la naturaleza que a través de la filtración de las napas freáticas y de la caída de la lluvia irá lentamente llenado los cráteres. En pocas palabras significa terminar la explotación e irse dejando todo como está.

El asunto es demasiado serio para manejarlo con tanta superficialidad y secretismo.

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