Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Educar para el ambiente

Hemos avanzado como nunca antes en materia de definiciones de derechos fundamentales, en regulaciones de convivencia, y en saber qué se debería hacer con el ambiente. Sin embargo resulta evidente que estamos lejos de conseguir resultados satisfactorios. Se palpa una enorme brecha entre la retórica y la práctica a todos los niveles de la sociedad.

Hemos avanzado como nunca antes en materia de definiciones de derechos fundamentales, en regulaciones de convivencia, y en saber qué se debería hacer con el ambiente. Sin embargo resulta evidente que estamos lejos de conseguir resultados satisfactorios. Se palpa una enorme brecha entre la retórica y la práctica a todos los niveles de la sociedad.

¿Es posible lograr un cambio en la conducta de las personas? ¿Será la educación la que debe cargar con la mayor responsabilidad? ¿Y qué se puede hacer al respecto desde los medios de comunicación y las redes sociales?

La semana pasada estuvo en nuestro país el Dr. Edgar González Gaudiano, reconocido experto internacional de educación ambiental (director del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana de México).

Expresó que el concepto de ciudadanía ambiental mantiene plena vigencia por su directa conexión con la justicia y la cada vez mejor valorada pertenencia comunitaria de las personas.

El explosivo y aleatorio desarrollo de las redes sociales ha modificado el sentimiento de pertenencia entre los jóvenes. ¿Vamos hacia una ciudadanía global?

González Gaudiano enfatizó con acierto que ser ciudadano tiene que ver no solamente con los derechos que da el nacer en un territorio determinado, sino fundamentalmente con las prácticas sociales y culturales que nos dan identidad y sentido de pertenencia.

Esta visión integral del individuo es la que debería concentrar la atención al realizar el trabajo educativo.

Entonces, ¿cómo educar para formar ciudadanía ambiental?

El experto rememoró las etapas que el tema fue cumpliendo desde los años setenta -aunque por estas latitudes todavía se siguen considerando.

Educar acerca del ambiente (dimensión informativa); educar en el ambiente (dimensión afectiva); y finalmente llegar a su escalón superior: educar para el ambiente (dimensión hacia el compromiso personal). Esta última es la que tiene capacidad transformadora porque involucra de lleno las prácticas sociales y culturales de la gente.

Podremos lograr jóvenes y adultos muy bien informados acerca del entorno (fragilidades y fortalezas), de qué manera sus comportamientos podrían incidir en la calidad de vida propia y ajena. También que sean conscientes de cómo transferir esos conocimientos a sus prácticas personales cotidianas. Pero en los hechos constatamos que no lo hacen. ¿Por qué ocurre así? Es la pregunta a responder. Tiene directa relación con las prácticas culturales; con la pertenencia a ciertos valores y costumbres.

Recordemos que llegar a ser un ciudadano ambiental significa aceptar la responsabilidad de cuidar el ambiente pero en el quehacer diario, a toda hora y circunstancia; no de manera ocasional.

Como es un concepto en permanente revisión -pues la sociedad y los valores están cambiando- y además estamos atrasados en materia de educación ambiental, debemos aceptar que alcanzar la mencionada dimensión constituye un desafío pedagógico de significativa magnitud y complejidad, que nos demandará mucho trabajo y compromiso.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)