Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Candiota debe cerrar

Han pasado 30 años desde que sonaron las primeras alarmas sobre los peligros para nuestro país de la contaminación producida por la Usina Termoeléctrica “Presidente Médici”, ubicada en el municipio de Candiota, a sólo 40 kilómetros de la frontera del departamento de Cerro Largo.

Han pasado 30 años desde que sonaron las primeras alarmas sobre los peligros para nuestro país de la contaminación producida por la Usina Termoeléctrica “Presidente Médici”, ubicada en el municipio de Candiota, a sólo 40 kilómetros de la frontera del departamento de Cerro Largo.

Esta central es empleada para generar energía eléctrica a partir del calor liberado de la combustión del carbón mineral, el cual es transformado en electricidad mediante el uso de alternadores.

Se trata de la peor opción de generación de energía eléctrica disponible, debido a que emite a la atmósfera grandes cantidades de dióxido de carbono (principal gas de efecto invernadero causante del cambio climático), partículas en suspensión, óxidos de azufre (uno de los responsables de la “lluvia ácida”) y de nitrógeno, así como residuos de metales pesados. Un cóctel muy pernicioso para la salud ambiental y humana, y responsable del incremento del calentamiento global.

¿Por qué se elige este camino?

Muy fácil. Porque son centrales de construcción barata, debido a la simplicidad de su equipamiento, en comparación con las otras alternativas. Aunque su costes las harían inviables si se les exigiera el estricto cumplimiento de las disposiciones ambientales vigentes en los países.

Lo que queremos decir es que, como en tantos otros rubros, desde la propia consideración de la viabilidad económica de estos emprendimientos en su etapa de proyecto, si se les calculara el valor de la estricta aplicación de todas las medidas de mitigación de la contaminación (tecnología, prevención, etc.) y de reparación ambiental y sanitaria, quedaría en evidencia que es antieconómica. El costo de producción del kilovatio será muy superior al de otras opciones.

Por lo tanto, existe una connivencia de las autoridades -y hasta de la sociedad civil- que permite la ejecución de éstos pésimos proyectos.

El grave peligro de la contaminación atmosférica de Candiota no se circunscribe a la planta, sino que viaja muchos kilómetros a la redonda, impulsada por el capricho de los vientos y favorecida por la gran altura de sus chimeneas.

Las poblaciones locales han tenido que acostumbrarse a lidiar con las enfermedades respiratorias crónicas. Todos saben cuáles son las causas, pero la irresponsable pereza de las autoridades locales y estaduales sigue permitiendo un deterioro de la salud pública que, perfectamente, puede evitarse.

Semanas atrás el Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama) de Brasil multó con unos 25 millones de dólares y ordenó la suspensión de operaciones de Candiota, debido a que no ha cumplido con una serie de exigencias técnica para reducir sus emisiones contaminantes. Pero días atrás la Justicia Federal levantó la medida, si la usina cumple con diez medidas dispuestas por ella. Un asunto de nunca acabar.

Una sociedad racional y madura debería tener muy claro que ya no se pueden tomar en serio las matrices energéticas que no sean renovables y sanas para el ambiente. Cuánto antes se pueda debemos desechar las otras que estamos utilizando. Si lo pensamos detenidamente concluiremos que no es una moda sino una necesidad elemental de defender la calidad de vida de la gente.

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