Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Otro avance esperanzador

En El País de Madrid se publicó un interesante artículo acerca de una estrategia novedosa que combina derechos humanos, la lucha contra el calentamiento global y la protección de la biodiversidad del planeta.

La Agencia de Cooperación y Desarrollo de Suecia (SIDA) y la Iniciativa de Derecho y Recursos (RRI) días atrás organizaron la conferencia Derechos sobre la Tierra: un requisito para combatir el cambio climático y avanzar en la paz y la igualdad de género. En ella se presentó mucha valiosa información que ayuda a tomar conciencia de la realidad.

Unos 370 millones de personas de 90 países conforman los pueblos originarios que aún sobreviven en todo el planeta. Muchos de ellos viven en bosques tropicales, que se caracterizan por absorber dióxido de carbono y retener todo ese carbono.

Según lo informado, por lo menos un cuarto del carbono almacenado en esos suelos se encuentra en territorio gestionado por pueblos indígenas y comunidades locales. Pero solo un 10% de esos pueblos poseen la titularidad de las tierras.

Esas comunidades han demostrado ser los mejores cuidadores del planeta pero su futuro está afectado, por el interés de gobiernos y empresas en "echar mano" a las tierras que ellos ocupan desde tiempos lejanos.

Están en notoria desventaja para hacer escuchar su voz, defender sus derechos y obtener la posesión legal de las tierras. En los últimos 16 años se han registrado 288 conflictos relacionados con la propiedad de la tierra. Se trata de conflictos que casi siempre comienzan o concluyen con violencia y muertes.

El año pasado fueron asesinados 200 activistas ambientales de los cuales casi la mitad eran líderes indígenas, según informó la ONG Global Witness.

¿Por qué ocurren? Porque gobiernos y empresarios una vez que colocan en la mira una determinada zona para su uso y explotación, pretenden que se vayan los pueblos originarios. Las razones siguen siendo variadas: usar esas tierras para cultivos (soja, palma, etc.), construir grandes infraestructuras como hidro-eléctricas, autopistas, realizar explotaciones mineras y deforestación, etc.

El novedoso instrumento que se ha presentado es el denominado Fondo Internacional para la Tenencia de Tierras y Bosques. Es la primera institución mundial dedicada a ayudar a los pueblos originarios a obtener la titularidad de sus tierras y bosques.

Hasta ahora a muchos de los ancestrales "dueños" de las tierras selváticas y boscosas les ha resultado casi imposible obtener la protección legal necesaria que los salvaguarde de ser desplazados.

Esta institución les proveerá de financiación y asistencia técnica, contribuyendo a que, llegado el momento, puedan superar las trabas de todo tipo que hay que enfrentar en esos casos. Hasta ahora constituyeron barreras insalvables para ello, quedando demostrado que las leyes y políticas proteccionistas que se crearon en varios países, no han funcionado.

Los financiadores de este esperanzador fondo son los gobiernos de Suecia y Noruega y la Fundación Ford.

Existe una íntima relación entre los derechos de propiedad de la tierra y el cambio climático, razón por la cual la humanidad debe asegurarse que los legítimos dueños de esas tierras sean también sus propietarios.

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