Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Desde Washington

Gracias a un Smith Fellowship de Atlas Network me encuentro en Washington D.C. siguiendo de cerca el proceso electoral, que por cierto, a tres días de su estreno, viene resultando muy entretenido.

Gracias a un Smith Fellowship de Atlas Network me encuentro en Washington D.C. siguiendo de cerca el proceso electoral, que por cierto, a tres días de su estreno, viene resultando muy entretenido.

En tiendas republicanas se vive con temor la consolidación de Donald Trump como candidato, mientras del lado demócrata, una vez más, la hasta hace poco segura victoria de Hillary Clinton se ve amenazada por el crecimiento de un político casi desconocido hasta hace unos meses.
En efecto, el senador por el pequeño estado de Vermont, Bernie Sanders, un autoproclamado “socialista democrático“, ha puesto en apuros a la candidata del establishment demócrata. Sus actos vienen siendo sistemáticamente más numerosos que los de Clinton, es el candidato con mayor número de aportantes individuales en la historia de las elecciones y le está peleando voto a voto, según las encuestas, el estado de Iowa, el primero en el calendario electoral.

Con un discurso raro para los Estados Unidos pero que no llamaría la atención en Europa, Sanders se manifiesta abiertamente por un Estado más grande e intervencionista, mayores impuestos y un sistema de salud de cobertura universal brindado por el Estado entre otros aspectos considerados “radicales“ para el centro del espectro. Sin embargo, ha logrado generar un entusiasmo, particularmente entre los jóvenes dónde le gana por destrozo a Clinton, que lo coloca en una posición mucho mejor que la que cualquier analista presagiaba. Si vota bien en Iowa y New Hampshire, los dos primeros estados en que habrá elecciones, la pesadilla de 2008 cobrará vida para Clinton y la campaña se pondrá más entretenida. Incluso puede apreciarse que los eslóganes y hasta la gráfica escogida por Sanders en estas últimas semanas busca asemejarse a la fulminante campaña con la que Obama ganó su primera elección.

Del lado republicano, Donald Trump sigue imperturbable en el primer lugar de las encuestas. Pese a un discurso profundamente antinorteamericano y antisistema (en este aspecto con puntos de contacto con Sanders) no parece muy lejana a la realidad su propia afirmación de que aunque le disparara a una persona en la vía pública sus seguidores lo seguirían votando. Es que una sola de la sarta de estupideces que acumula Trump habría hecho caer a cualquier candidato normal. Y sin embargo su discurso xenófobo, racista e incluso con características fascistas, ha encontrado un público medrando con el enojo y el miedo de parte del pueblo. Queda ver que pasará cuando el campo republicano quede más despejado (hoy hay más de 10 precandidatos) y si allí surge con mayor fuerza alguien que puede recobrar el sentido común del partido de Abraham Lincoln.

En tres días comenzarán a verse las cartas del juego y quién efectivamente logra sobrevivir al largo y complejo proceso de las primarias antes de llegar a la elección nacional. Como lo que pasa en EE.UU influye, para bien y para mal, en todo el mundo es necesario prestarle la atención debida, al mismo tiempo que es imposible no maravillarse ante el sistema democrático de este formidable país. Tenía razón el historiador inglés Paul Johnson cuando escribió que “La creación de los Estados Unidos es la mayor aventura de la humanidad”.

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