Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

¿Nueva reforma constitucional?

Cumplidas las cuatro instancias que marca nuestra Constitución queda cerrado el ciclo electoral 2014-2015. Como es habitual desde que se probó por primera vez el nuevo régimen en 1999 con quejas sobre su extensión y exceso de comparecencias ciudadanas en las urnas y por lo tanto gana terreno la visión de que el sistema necesita modificaciones. Pero hay que ser muy cuidadosos con cuáles.

Cumplidas las cuatro instancias que marca nuestra Constitución queda cerrado el ciclo electoral 2014-2015. Como es habitual desde que se probó por primera vez el nuevo régimen en 1999 con quejas sobre su extensión y exceso de comparecencias ciudadanas en las urnas y por lo tanto gana terreno la visión de que el sistema necesita modificaciones. Pero hay que ser muy cuidadosos con cuáles.

Sin dudas entre las primeras debe figurar la instrumentación del voto electrónico, conservando todas las garantías actuales. En la actualidad se realiza un gigantesco desperdicio de recursos en la impresión y distribución de las listas, que además de atentar contra el medio ambiente, resulta una barrera de entrada económica a la presentación de nuevas agrupaciones que resulta profundamente antidemocrática. No admite más demora trabajar en los próximos 5 años para llegar a las siguientes elecciones con un sistema más acorde a los tiempos que vivimos y dejar atrás un arcaico sistema de votación que ya no tiene justificación posible.

Sobre los cambios en el calendario electoral es compartible la visión de que resulta extenso y costoso. Sin embargo, a la hora de ver qué modificaciones podrían realizarse en concreto, surgen discrepancias. ¿Qué instancias eliminar? ¿Las internas? ¿La segunda vuelta? ¿Las departamentales? En todo caso debe analizarse desde la perspectiva del ciudadano, de qué forma tiene mayor libertad de elección y no desde las conveniencias de determinado partido político. Por esta razón es probable que se tranque cualquier negociación entre los partidos políticos y quizá la única alternativa sea la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, con sus ventajas y desventajas.

Parece un mecanismo idóneo en las actuales circunstancias, pero si la misma cuenta con una mayoría regimentada del Frente Amplio abre las puertas a una reforma de tipo chavista de nefastas consecuencias para la tradición republicana del Uruguay. No hay que ser ingenuos con que el astorismo o los sectores moderados no van a seguir este camino, al final siempre son sometidos en la interna y ese es un dato de la realidad.

Por otro lado, si el Frente fuera derrotado en la elección de la Constituyente podría convertirse en el equivalente a la derrota del batllismo hace cien años en la misma circunstancia de la elección de la Constituyente de 1916. Contra todo pronóstico, una excepcional votación de los blancos dio lugar al “alto de Viera” y al fin del reformismo socialista que venía llevando adelante Batlle y Ordóñez. Fue el triunfo de los defensores de las garantías electorales y marcó un nuevo escenario, claramente mejor, para la política nacional.

Por tanto el mecanismo de la Asamblea Constituyente es un arma de doble filo. Puede resultar muy bueno si la mayoría responde a la tradición democrática y republicana de nuestro país o terminar en una tragedia si sirve para institucionalizar la visión de la mayoría del Frente Amplio.

El Dr. Ramón Díaz varias veces llamó la atención sobre el deterioro en la calidad de nuestras constituciones con el paso del tiempo, reflejo de los cambios culturales que iba sufriendo el país. Antes de dar un paso hacia una nueva reforma de la Constitución hay que sopesar muy bien si lo que se pone en riesgo no es más de lo que se puede obtener avanzando en ese camino.

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