Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

La ironía del calendario

Ayer se festejó el Día de la Libertad en conmemoración a la caída del muro de Berlín.

Ayer 9 de noviembre se celebró el día internacional de la libertad, en conmemoración de la caída del muro de Berlín, episodio que marcó no solo la reunificación de Alemania sino el comienzo del fin de la Unión Soviética y del comunismo como un sistema rival al de la democracia liberal y la economía de mercado.

Es cierto que el estado de la democracia en el mundo dista mucho de ser perfecto y muchas personas viven aún en la pobreza o en la indigencia, pero el avance es indudable.

Por ironía del calendario, esta conmemoración coincide con la semana en que se recuerdan los 100 años de la revolución rusa, que comenzó uno de los experimentos de ingeniería social más macabros de la historia universal. Quizá la lección más valiosa que dejó esa tenebrosa experiencia es que ningún país que la haya experimentado, y que luego haya logrado escaparse, quiere reincidir en esa pesadilla. Entre las guerras que provocó, las hambrunas, las purgas y otras atrocidades, este sistema provocó la muerte de unos 100 millones de personas. 100 años y 100 millones de muertes sería una síntesis apropiada del oprobioso legado del comunismo.

El régimen económico co-mo tal ya no existe, aunque haya economías suficientemente asfixiadas como para parecérseles bastante, como Venezuela, Cuba o Corea del Norte. China continúa en una transición de destino incierto entre un sistema político férreo, que mantiene lo peor del totalitarismo, con una economía mixta y compleja.

El comunismo en tanto tal ya no es un peligro porque, afortunadamente, es tan contundente y visible aún su estela de destrucción y muerte que salvo unos pocos trasnochados, nadie reivindica a Stalin o a Mao.

Sin embargo, sí debería ser motivo de preocupación el lento avance que ha tenido la democracia en el mundo en la última década, de acuerdo con mediciones de organizaciones internacionales como Freedom House. También lo es que la libertad de mercado, que sí ha ido avanzando, lo haya hecho con tantos zigzagueos, dado el hecho incontrastable de que los países con mejores economías de mercado son los que más progresan.

La peor derrota del comunismo es que la humanidad ha logrado dar pasos agigantados hacia la reducción de la pobreza y la indigencia en el mundo justamente a partir de que casi todos los países del mundo abrazaron alguna forma de economía de mercado. Más allá de la retórica y la declaración de intenciones, na-da ha sido más perjudicial pa-ra los pobres del mundo que el colectivismo y nada ha sido más efectivo para mejorar su condición que el liberalismo económico.

El gran desafío de nuestro tiempo ya no es descubrir cuál es el mejor sistema político y económico, sino cómo afianzar solidas democracias con Estados de Derecho imperturbables, separación de poderes y respecto por los derechos humanos en lo político y apertura, libres mercados, competencia y cooperación voluntaria entre las personas e igualdad de oportunidades en lo económico.

La batalla contra los totalitarismos parece ganada salvo casos patológicos que tienen los días contados, pero no pasa lo mismo con los populismos y las tentaciones demagógicas de derecha e izquierda. Queda camino por recorrer hacia la libertad política y económica, pero el sentido de la historia, positivo y normativo, es incuestionable.

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