Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

La dignidad nacional

En el día de ayer se conmemoró el 149 aniversario de la caída de Paysandú, el episodio más altivo en defensa de la soberanía nacional de nuestra historia. Pese a las constantes luchas del siglo XIX y a las pretensiones sobre nuestro territorio que albergaron durante décadas luego de la independencia nuestros vecinos, nunca estuvo tan comprometida la dignidad nacional como en aquella aciaga hora.

En el día de ayer se conmemoró el 149 aniversario de la caída de Paysandú, el episodio más altivo en defensa de la soberanía nacional de nuestra historia. Pese a las constantes luchas del siglo XIX y a las pretensiones sobre nuestro territorio que albergaron durante décadas luego de la independencia nuestros vecinos, nunca estuvo tan comprometida la dignidad nacional como en aquella aciaga hora.

En los últimos meses respetables figuras públicas han desempolvado caducas interpretaciones, llegando a afirmar temerariamente que los sucesos que comienzan con la invasión de Venancio Flores y culminan en la Guerra de la Triple Alianza en realidad fueron beneficiosos para Uruguay y Paraguay. Afortunadamente, el tiempo y la evidencia histórica (a veces) ponen las cosas en su lugar y hoy la defensa de Paysandú es vista como una epopeya oriental, como efectivamente lo es si se consideran los hechos sin que la divisa caiga de las cejas.

El héroe principal del episodio –que no el único– el General Leandro Gómez era hombre de vasta cultura, que supo asumir cabalmente el papel que le tocó desempeñar en el gran teatro de la historia. Sus cartas y proclamas no dejan dudas al respecto. También las dignísimas presidencias de Berro y Aguirre evidencian que el gobierno nacional estuvo a la altura de las circunstancias.

La “Cruzada Libertadora” de Flores fue un levantamiento injustificable desde dónde se lo mire. Cuando se produce en 1863 el gobierno de Berro respetaba todos los derechos y estaba por encima de las divisas, lo que era ampliamente reconocido por la oposición interna (blanca y colorada, que la había de las dos) y por Argentina y Brasil. A lo que debe sumarse la “estricta neutralidad” que según el propio Mitre mantuvo el gobierno oriental ante la guerra civil argentina que cierra su ciclo en Pavón.

Si bien desde el comienzo la revolución personalista de Flores contó con el respaldo porteño y de caudillos de Rio Grande en los primeros meses no pasó a mayores. No fue sino hasta que los mutuos recelos entre argentinos y brasileños fueron vencidos y se puso en marcha la tenebrosa entente que culminaría con la masacre del pueblo paraguayo que la revolución cobró fuerza. Flores, funcional a los designios de Mitre y Pedro II, acordó a cambio de asegurarse el triunfo interno comprometer la soberanía nacional y embarcar al Uruguay en una guerra contra un país que ningún mal nos había hecho.

El epilogo vernáculo y el primer acto de la Guerra la Triple Alianza lo constituyó la defensa de Paysandú. Leandro Gómez y sus valientes ante fuerzas diez veces mayores, atacados desde mar y tierra, sufrieron un verdadero “fusilamiento a cañonazos” y sólo lo sobrellevaron durante más de un mes con un esfuerzo sobrehumano. Finalmente cayó Paysandú, el pabellón nacional que ondeaba en la Iglesia fue sustituido por la bandera imperial y Leandro Gómez y otros oficiales y soldados cuyas vidas habían sido aseguradas fueron ejecutados.

El 20 de diciembre de 1864 Leandro Gómez, que encabezaba sus proclamas y comunicaciones con el lema “Independencia o Muerte”, legó a sus soldados y a la inmortalidad estas palabras: “Mis amigos – El cielo os bendiga, porque tal vez sobre las ruinas de Paysandú debido a nuestra resolución de morir por la Patria hayáis salvado a la República.” Y así fue.

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