Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Cambia, todo cambia

A poco más de 2 meses de las elecciones internas, las encuestas comienzan a mostrar algunas tendencias interesantes en la competencia por partidos.

A poco más de 2 meses de las elecciones internas, las encuestas comienzan a mostrar algunas tendencias interesantes en la competencia por partidos.

En efecto, la última de CIFRA, la consultora de Luis Eduardo González, evidencia un crecimiento de los partidos de la oposición y una caída del Frente Amplio. No sólo en el dato puntual, sino como tendencia, lo que resulta particularmente alentador para quienes no nos resignamos a la mediocridad ramplona y las políticas estatistas y esclerosantes de las dos últimas administraciones.

De acuerdo a CIFRA si las elecciones fueran hoy el Frente Amplio tendría el 44% de los votos, el Partido Nacional el 30%, el Partido Colorado el 17%, el Partido Independiente el 2% y en blanco, otros y no sabe o no contesta el restante 7%. Si se compara con las de mediados del año pasado se ve una caída del Frente Amplio, un fuerte crecimiento del Partido Nacional y un ligero crecimiento del Partido Colorado. En este escenario, por lo tanto, la oposición suma 49% de la intención de voto frente al 44% del oficialismo, de lo que surgen varios apuntes de interés.
En primer lugar, hay una oportunidad real de desplazar al Frente Amplio del gobierno. Lo que para muchos analistas era muy difícil hace un año hoy es posible. No sólo en base a la encuesta de CIFRA, sino también de acuerdo a las otras empresas consultoras serias, la elección está abierta y dependerá de las campañas, del desempeño de los candidatos, de la situación económica y otros factores que puede ocurrir finalmente en octubre y noviembre.

En segundo lugar, ya parece casi seguro que habrá segunda vuelta y muy probablemente se llegará al balotaje sin mayoría parlamentaria del Frente Amplio, por tanto, con mayoría parlamentaria de la actual oposición.

Esta situación cambia radicalmente el panorama que sufrimos en los últimos nueve años en que el papel del Parlamento se ha degradado notoriamente, actuando como mero notario del Ejecutivo, sometido a sus caprichos y quebrando el principio esencial de la separación de poderes. Terminar con las mayorías parlamentarias automáticas que tanto daño le han hecho al país con numerosos ejemplos de leyes inconstitucionales, que desconocieron la voluntad popular o directamente son impresentables es un objetivo en sí mismo del actual proceso electoral.
En tercer lugar, dado que el Frente no tendría mayoría parlamentaria crece la chance del candidato opositor en la segunda vuelta, dado que podrá mostrar mejores condiciones para llevar adelante un gobierno estable. Es difícil imaginar que si la oposición logra obtener la mayoría parlamentaria en octubre su candidato no logre vencer al oficialista, por mera aritmética pero también por los argumentos de peso que tendrá a su favor en la breve campaña de noviembre.

Por lo tanto hay buenas razones para ser optimistas y afrontar con decisión la campaña porque lo que está en juego es mucho y es muy importante para el futuro del país. Los partidos de la oposición podrán pedirles a sus militantes y a sus votantes un esfuerzo ya no sólo romántico, sino esencialmente pragmático; se puede y se debe ganar esta elección.

Depende de las estrategias que desplieguen en los próximos meses ante un Frente Amplio alicaído, un gobierno que no da pie en bola y un candidato al que le pesa el paso de los años.

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