Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Calibrar bien la coyuntura

La actual coyuntura que atraviesa la economía nacional admite dos lecturas diferentes si se la toma como una interrupción del proceso de crecimiento que disfrutó hasta 2014, o si se la interpreta como una nueva fase del ciclo económico. Naturalmente que según la versión que se elija, dependerán las políticas económicas que se tomen, en particular, en el corto plazo.

La actual coyuntura que atraviesa la economía nacional admite dos lecturas diferentes si se la toma como una interrupción del proceso de crecimiento que disfrutó hasta 2014, o si se la interpreta como una nueva fase del ciclo económico. Naturalmente que según la versión que se elija, dependerán las políticas económicas que se tomen, en particular, en el corto plazo.

Una posible interpretación es que la economía uruguaya, producto de las reformas estructurales procesadas en la última década, ha elevado su producto potencial y ahora alcanza una nueva tasa de crecimiento, mayor a su tasa histórica. Esta es la interpretación del Ministerio de Economía plasmada en la Rendición de Cuentas, que ya no es tan optimista como la del período pasado (en que estimaba la tasa de crecimiento de largo plazo en 4%), pero sigue siendo elevada (se estima ahora en 3%). De acuerdo a las proyecciones oficiales, la economía va a crecer a tasas cada vez más altas en los próximos años, y en 2019 alcanzaría la nueva tasa de crecimiento de largo plazo.

A esta visión se le contraponen algunas de organizaciones o analistas privados que prevén una caída del producto para el presente año y para el 2017. La visión de quien suscribe es más pesimista que la del gobierno pero más optimista que la de los pronósticos de recesión. El cambio de fase del ciclo económico es incuestionable, entre 2004 y 2014 Uruguay creció en promedio 5% al año, mientras que en el trienio 2015-2017 estaría creciendo solo 0,3% en promedio, según las estimaciones del Centro de Estudios para el Desarrollo.

Por tanto, de cumplirse este escenario veremos un mercado de trabajo con dificultades crecientes en 2016 y 2017, lo que se traducirá en mayor desempleo y estancamiento o caída del salario real, en particular si persiste la inflación por encima de 10% que es lo más probable, pero estamos lejos de un escenario de crisis.

Los recientes anuncios de colocación de deuda pública a tasas bajas, son una buena noticia desde el punto de vista de la confianza que aún recibe el país, no tanto desde la trayectoria que se proyecta que siga la deuda en los próximos años.

También es una buena noticia el anuncio de la inversión en una nueva pastera, aunque vuelve a plantear el asunto aún no resuelto de cómo se logran las inversiones necesarias en infraestructura que sustenten el mentado “país productivo”.

Cuál será la tasa de crecimiento de la economía uruguaya en 2019 es una adivinación más que una proyección en este momento, pero los esfuerzos deben estar centrados en mantener una política económica que genere condiciones de certidumbre, poner en marcha las políticas de crecimiento endógeno que brillaron por su ausencia en la década anterior, y recuperar el tiempo perdido en materia de inversión en infraestructura, en mejorar la eficiencia de la inversión en educación y reencauzar la política de inserción internacional.

Algunas de estas tareas tienen impacto en el corto plazo, otras en el largo, pero todas exigen dedicación desde ya. En el corto plazo, la disminución del déficit y una trayectoria de menor crecimiento del endeudamiento son centrales; asimismo, no volver a subir impuestos ni tarifas y no disminuir la inversión pública. Esto deja un solo camino: bajar el gasto público.





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