Hebert Gatto
Hebert Gatto

Izquierda dividida y sin proyectos

En un reciente informe, la Secretaría Ejecutiva del FA, dividió con un tajo irreversible la realidad política nacional. Desde ahora, alega, la pugna es entre “nosotros, los frentistas”, y ellos, los impuros. La coalición se encuentra sometida a una ofensiva conservadora que impulsada por “la derecha” se expande por la región y a la que es necesario enfrentar.

En un reciente informe, la Secretaría Ejecutiva del FA, dividió con un tajo irreversible la realidad política nacional. Desde ahora, alega, la pugna es entre “nosotros, los frentistas”, y ellos, los impuros. La coalición se encuentra sometida a una ofensiva conservadora que impulsada por “la derecha” se expande por la región y a la que es necesario enfrentar.

En este ataque, “… se cuestiona al Presidente de la República (su autoridad, su liderazgo, su relacionamiento con la fuerza política)… se cuestiona el Presupuesto, la seguridad, la educación. Y es en este marco donde debe analizarse el papel que juegan los medios de comunicación.” Todo ello mientras la izquierda del continente se debilita y se “utiliza el tema de la corrupción para desacreditar a los gobiernos progresistas”. Una situación que impone medidas. Hacia adentro una campaña de esclarecimiento de los logros frentistas, en lo externo, junto a los diversos partidos de izquierda del continente, la organización de, “instancias de intercambio y encuentro para la elaboración de estrategias comunes”.

La alarma ante lo que ocurre es notoria, lo novedoso e inesperado es la forma en que el Secretariado frentista pretende problematizar esta ocurrencia y explicitar sus causas. Las atribuye a una confabulación entre medios y derechas (la mitad del electorado), para menoscabar a la coalición oficialista. ¿Qué pensar de este arduo esfuerzo intelectual, que divide la sociedad entre buenos y malos y atribuye a estos últimos la responsabilidad por los problemas que enfrentamos? ¿Dónde encontrar hoy día aquellas elaboradas exposiciones del pasado, donde la dialéctica y el materialismo, Hegel y Marx, colaboraban para auxiliarnos en la interpretación del entorno?

Es notorio que el Uruguay no atraviesa sus mejores momentos. Su economía, concluido el auge internacional de los precios de las materias primas se aproxima al estancamiento, sus índices de ocupación descienden mes a mes, la inflación progresa incontenible, las tasas delictivas urbanas separan territorios, discriminan entre ricos y pobres y tensan la vida ciudadana, la educación se erige en el capítulo negro del futuro cultural del país, varios sindicatos se organizan para restablecer, antes o después, el país del sesenta, mientras muy poco se obtuvo en inserción internacional. Lo grave es que aquello que constituía la reserva espiritual y cultural de la nación, su capacidad para consensuar, se encuentra en cuestión. Como si, impulsados por una década de auge económico externo, la salida del estancamiento sólo hubiera constituido un espejismo pasajero. Un lapso muy breve, que la ceguera ideológica nos impidió aprovechar y hoy nos encuentra inermes.

Frente a esta situación que nadie podría calificar de optimista, donde se mezclan los desafíos económicos con los sociales, el partido de gobierno, dividido, contradictorio y errático, no asume la gravedad de la hora. En lugar de implementar una gran convocatoria política nacional, expulsa a los renovadores de la enseñanza (el área más crítica del país), diagnostica la inminente crisis en términos esquemáticamente morales, desdeña la importancia de la corrupción en la izquierda, acusa a los mensajeros y convoca a los populismos de América a reunirse para combatir a las derechas e intercambiar información entre fuerzas progresistas.

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