Hebert Gatto
Hebert Gatto

Gremialismo y política

Es notorio que en nuestro país el partido de gobierno tiene fuertes afinidades con la estructura sindical. El Pit-Cnt, no cesa de recordarnos su preferencia por un gobierno de izquierda, mientras los frentistas evitan, por lo menos hasta ahora, cualquier enfrentamiento con las organizaciones gremiales especialmente con su central. Pero con la llegada del nuevo gobierno, ese idilio parece haber bajado sus decibeles. Quizás porque las diferencias que separan las concepciones económico-sociales de cada una de estas organizaciones se van ampliando progresivamente.

Es notorio que en nuestro país el partido de gobierno tiene fuertes afinidades con la estructura sindical. El Pit-Cnt, no cesa de recordarnos su preferencia por un gobierno de izquierda, mientras los frentistas evitan, por lo menos hasta ahora, cualquier enfrentamiento con las organizaciones gremiales especialmente con su central. Pero con la llegada del nuevo gobierno, ese idilio parece haber bajado sus decibeles. Quizás porque las diferencias que separan las concepciones económico-sociales de cada una de estas organizaciones se van ampliando progresivamente.

El FA es una coalición entre partidos de diferentes orientaciones, asociados tras un laxo programa común con objetivos finales imprecisos. Probablemente la ideología es lo que más se acerque al pensamiento frentista, aunque no se identifique con ella, sea la socialdemocracia en tanto permite, sin demasiado compromiso, agrupar distintas visiones bajo un manto levemente anticapitalista. Esta indefinición se traslada a sus componentes partidarios, que sobre la pureza ideológica priorizan el mantenerse unidos y a esos efectos otorgan autonomía al Presidente de la República.

Diferente es el panorama adentro de la central sindical, más definida en su composición social, en tanto tiene una base obrera (aunque no se trate del proletariado en su definición marxista), y es mayormente dirigida por integrantes del Partido Comunista, algún socialista y un grupo menor de marxistas radicales, comprometidos explícitamente con una comunidad socialista. Esta homogeneidad, el éxito en sus funciones tradicionales, más un sustento ideológico coherente y sencillo, le permite una unidad en sus objetivos, de los que carece el FA. Desde el 89 sujeto a dudas doctrinarias.

Días pasados Brecha entrevistó al economista Daniel Olesker en relación al cambio de estrategia, promovido por el actual gobierno respecto al Fondes. Allí como gremialista, afín al Pit-Cnt, ejemplificó estas diferencias de visión con gran claridad, la financiación de empresas autogestionadas -dijo- es el “modo de tránsito del capitalismo al socialismo”. No se trata entonces de detenerse más de la cuenta en los aspectos económicos de estos emprendimientos, como ahora se pretende, sino comprender que si estos son menos de los que deberían es porque van en contra de la lógica capitalista en la que estamos insertos. “La autogestión es, para nosotros los socialistas particularmente, el modo de tránsito del capitalismo al socialismo. El tránsito hacia un modelo distinto” Lo que en otras palabras significa que la autogestión no es, como podría parecer, un instrumento de política social para paliar una situación de emergencia, sino un camino para llegar al socialismo con ayuda estatal.

De igual forma que la oposición al TISA, como propone el PIT, es una medida política para zafar del imperialismo, sean cuales fueren los resultados concretos de un eventual acuerdo comercial con los centros capitalistas. Sin advertir que este razonamiento obedece a una imposición de su ideología. Una forma de pensamiento que mantiene al mundo clasificado en categorías estancas que a priori determinan, según parámetros rígidos, si un fenómeno político es aceptable o inaceptable.

Una política que la izquierda debe superar renovando sus ideas, si es que busca adaptarse a los tiempos y sobre todo, como hasta ahora ha pasado, no fracasar en el largo plazo.F

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