Hebert Gatto
Hebert Gatto

Gobierno y esquizofrenia

La coalición de gobierno se mantiene dividida entre dos corrientes ideológicas antagónicas debilitando la posición del Presidente de la República.

La coalición de gobierno se mantiene dividida entre dos corrientes ideológicas antagónicas debilitando la posición del Presidente de la República.

No se trata de un problema novedoso, constituye una situación presente desde los comienzos del Frente como coalición que en sus inicios mostraba una clara demarcación: a un lado los mayoritarios sectores marxistas revolucionarios que lo comandaban, al otro, los grupos ajenos a esa orientación ideológica. Si en ese período la sangre no llegó al río, pese al alejamiento de algunos grupos, ello se debió a diversos factores: la inesperada implosión del mundo comunista que enfrió la temperatura ideológica del planeta aplacando las ideologías radicales junto a factores locales como la lucha contra la dictadura y la posterior revaloración de la democracia que disimularon diferencias al interior de la izquierda. Solo que actualmente el enfrentamiento se ha ido acentuando por la pérdida para el gobierno de su mayoría parlamentaria unida al declive de sus apoyos ciudadanos, un hecho que exacerba a los radicalismos locales.

Los frenéticos esfuerzos del presidente de la coalición, otra figura sin poder político real, pero ajeno a su división en sectores, son una clara evidencia de esta coyuntura como lo exhiben sus intentos para resolverla con llamados a la responsabilidad de sus dirigentes, sin comprender que cuando se enfrentan distintas concepciones del mundo sociopolítico, el problema no es de orden ético o individual, obedece a razones ideológicas imposibles de soslayar. Motivaciones que inevitablemente se manifiestan en la mayoría de sus medidas concretas, particularmente aquellas que revisten trascendencia política.

Vayan dos muestras de estas oscilaciones, evidencias de una nave que tiene dañado el timón, pero que además carece de timonel. La primera refiere a la posición uruguaya respecto a Venezuela. Días pasados se emitió por parte de la Cancillería, junto a catorce naciones del continente, una declaración que denunciaba que en Venezuela se desconocían los derechos humanos, crecían los presos políticos y el parlamento era ignorado por los restantes poderes, algo ultraevidente, que, vista la inutilidad del diálogo, requiere una corrección inmediata y única: la consulta popular. El pronunciamiento, como era esperable, originó la crítica inmediata del sector frentista enragé (P.S., M.P.P, P.C.U. junto a grupos menores). Asimismo motivó la iracunda respuesta del Pit-Cnt, partidos y grupo cuya concepción de la democracia resulta anterior a Montesquieu. Desestabilizado por la reacción, el gobierno se apresuró a manifestar que en la O.E.A., faltaba más, no apoyaría la aplicación de la denominada “carta democrática” a Venezuela, suspendiéndola de la Organización. Una incongruencia solo explicable por su duplicidad e inconsecuencia. Algo similar ocurrió con el reciente decreto sobre piquetes y cortes de rutas y calles. Se aceptó dictarlo para permitir el elemental ejercicio de los derechos ciudadanos sobre bienes públicos, pero, simultáneamente, se excluyó a los sindicatos de su aplicación. El mejor ejemplo de un gobierno coaccionado por una coalición de partidos cuya esquizofrenia e inconsistencia jurídica no reconoce límites.

El pasado viernes el régimen venezolano disolvió su parlamento. Parece que por fin, ante evidencia tan abrumadora, nuestro gobierno se inclinará frente a los hechos. ¡Pero cuánto le cuesta hacerlo!

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