Hebert Gatto
Hebert Gatto

Un favor complejo de aristas varias

Según comentó José Mujica, el gobierno uruguayo está negociando con su homólogo de los Estados Unidos la eventual llegada a nuestro país de cinco prisioneros detenidos en la base militar de Guantánamo.

Los mismos -carentes de libertad y sometidos a una suerte de limbo jurídico sin garantías personales- permanecerían en nuestro país en régimen de "refugiados", por lo que gozarían de la más plena libertad. Ello supone, según el Presidente uruguayo, que los arribados no estarían sometidos a ningún plazo mínimo de residencia involuntario ni a restricciones de desplazamiento de ninguna clase. Debiendo ser tratados como lo que son: hombres libres.

De obtenerse la gestión sería seguidamente positiva. Estados Unidos sufrió un atentado terrorista, en toda la extensión de la palabra en el año 2001, que carece de cualquier justificación. Un acto de agresión dirigido contra la población civil, sin ninguna razón y con una crueldad inimaginable por el que resultaron asesinados miles

Según comentó José Mujica, el gobierno uruguayo está negociando con su homólogo de los Estados Unidos la eventual llegada a nuestro país de cinco prisioneros detenidos en la base militar de Guantánamo.

Los mismos -carentes de libertad y sometidos a una suerte de limbo jurídico sin garantías personales- permanecerían en nuestro país en régimen de "refugiados", por lo que gozarían de la más plena libertad. Ello supone, según el Presidente uruguayo, que los arribados no estarían sometidos a ningún plazo mínimo de residencia involuntario ni a restricciones de desplazamiento de ninguna clase. Debiendo ser tratados como lo que son: hombres libres.

De obtenerse la gestión sería seguidamente positiva. Estados Unidos sufrió un atentado terrorista, en toda la extensión de la palabra en el año 2001, que carece de cualquier justificación. Un acto de agresión dirigido contra la población civil, sin ninguna razón y con una crueldad inimaginable por el que resultaron asesinados miles de ciudadanos, quemados vivos, pese a su total inocencia.

La respuesta del gobierno norteamericano a esta agresión, rayó a la misma altura. Solo que esta vez no se trató de la reacción de una secta fanática como Al Qaeda sin aprecio por la vida humana, fue la del gobierno de la nación más avanzada del mundo que se ufana de representar la cuna del humanismo y la libertad. Reconociendo que la mayoría de los detenidos no podían ser juzgados por carecer de evidencias, se los secuestró durante trece años privándolos de procesos, jueces, fiscales, defensores, conocimientos de sus causas.

Sus carceleros se colocaron en lugar de la Santa Inquisición Española, solo que esta a lo menos velaba por su alma. Secuestro, torturas, silencio, fueron durante trece años el pan cotidiano de decenas de inocentes. De inocentes, no de procesados.

No sabemos, nadie puede hacerlo, si a alguno le cupo alguna responsabilidad, solo nos consta, que todos ellos hasta la sentencia son inocentes. Como tratamiento vejatorio, como desconocimiento de la dignidad humana, lo aquí ocurrido no tiene precedentes desde la Edad Media. No se les condenó falsamente, fue mucho peor, se les castigó sin enjuiciarlos ante la posibilidad de su inocencia.

Por supuesto que contribuir a terminar con este horror en el siglo XXI, como parecería que promete hacer el gobierno uruguayo merece apoyo. Pero nuevamente es necesario recordarles a nuestras autoridades que el derecho prima sobre la política y aún sobre la justicia. Liberar seres ilegalmente sancionados es un deber moral siempre que se haga según la constitución y la ley. El Presidente es el primer mandatario, pero, si los que llegan no son asilados o refugiados el tratado a sancionar para el caso, debe ser sometido al Parlamento.

Teniendo en cuenta que este, no transforma la calidad de los que llegan a nuestra República: hombres libres. Insisto por tanto que es humanamente correcto recibirlos sin condicionamiento y hacer cesar este lamentable drama humano. Ello sin que aceptemos condiciones ni pretendamos, con pedidos extemporáneos, imponerlas a otros. Si los EE.UU. quiere hacer cesar la iniquidad colaboremos con la medida.

Para ello solo debemos pedir dos cosas: que no se pretenda imponernos condiciones y que se respeten los derechos humanos de los involucrados. Tanto el internacional como el nacional, sin trucos, escarnios ni plazos a la dignidad de la justicia, porque no somos carceleros por delegación.

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