Hebert Gatto
Hebert Gatto

Elecciones

En el Uruguay es usual iniciar los análisis sobre las instancias electorales, remarcando su clásica corrección. Una instancia democrática importante aún en casos como este, donde el desinterés y la ignorancia de la ciudadanía fue notoria.

En el Uruguay es usual iniciar los análisis sobre las instancias electorales, remarcando su clásica corrección. Una instancia democrática importante aún en casos como este, donde el desinterés y la ignorancia de la ciudadanía fue notoria.

Al punto que en Montevideo, la pugna por las alcaldías, que hubiera podido ser de un nivel de confrontación vecinal estimulante devino una obligación fatigosa, donde nadie sabía a quien votaba ni para qué.

Aún con sus imperfecciones estas elecciones nos han dejado algunas certezas y varias interrogantes. Las mismas que siempre se plantean en estos procesos. Así, aún no sabemos cuál es la lógica que las sustenta, si en ellas se dirimen visiones y candidaturas locales, o si por el contrario siguen primando en su desarrollo los intereses partidarios y sus lógicas generales. ¿En definitiva, a su nivel, repiten las elecciones de octubre, donde lo que importa es escoger un programa de gobierno y el partido político que lo ejecutará en el plano nacional, o remiten a una realidad vecinal mucho más acotada? No lo sabemos.

Podría adelantarse que en Montevideo y Canelones, con independencia de cualquier otra consideración, se vota primero por el lema y luego se repara en lo local y sus peculiaridades y en Departamentos como Rivera, sucede exactamente lo inverso. Lo que, dicho sea de paso despoja aún más de valor a la elección en el tercer nivel, legalmente condicionada por el voto a intendente.

En cuanto a la incidencia de las elecciones sobre el panorama partidario, algunas cosas parecen claras. No hubo triunfadores espectaculares, dado que en líneas generales se mantuvieron los resultados de la anterior elección. Sí, hubo perdedores. Uno de ellos fue el MPP de Mujica en Montevideo, compensado solo parcialmente por su triunfo en Canelones y Rocha. A pesar de que el ex presidente -no así Sendic, extrañamente ausente- se jugó por su candidata. El éxito del Ing. Martínez, un socialista ponderado apoyado por Astori, actualmente un símbolo de la moderación, es la mejor prueba. Es probable que en la elección de octubre el radicalismo ideológico haya alcanzado en el FA sus mejores resultados. En tal caso la votación de Martínez puede considerarse un triunfo simbólico del vazquismo desarrollista, frente a Mujica en su pugna por el dominio del Frente.

El apartamiento de Olesker, aparentemente condenado al ostracismo, las limitaciones al Fondes, y la prudencia de Sendic, plegado al presidente, van en el mismo sentido. En cualquier caso puede predecirse que la estrategia anticapitalista y socialista, pese a su relativo éxito de octubre, pierde presencia en la coalición.

Otro de los derrotados fue el Partido Colorado, cuyas adhesiones se volcaron al recién llegado Novick. Por más que habrá que ver si los sufragios conseguidos por la Concertación, una coalición entre blancos y colorados, los mantiene o si en definitiva siguen perteneciendo a sus aportantes.

No es seguro, que esta sociedad mal nacida, pueda transformarse en un cuasi partido, como fue el caso del FA. La posibilidad, en caso que prosperara, de conseguir casi todas las intendencias es un fuerte incentivo, pero habrá que considerar si dividir el país en dos espacios resulta beneficioso para los partidos tradicionales. Especialmente cuando uno de ellos está sometido a una fuerte crisis que lo coloca en una posición de debilidad en cualquier negociación. Además cabe preguntarse si el progresivo debilitamiento del Partido Colorado no obedece a un fenómeno más general como es el corrimiento hacia el centro de la totalidad del espacio ideológico nacional, con el desplazamiento hacia ese lugar tanto de blancos como de frenteamplistas, lo que deja sin movilidad ni función al coloradismo.

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