Gustavo Penadés
Gustavo Penadés

La reforma de los cincuentones

La reforma de la Seguridad Social que se hizo en los años 90 no surgió por casualidad.

Se trató de dar una respuesta a la realidad porque el modelo existente, de solidaridad intergeneracional, no se podía seguir manteniendo en el tiempo. Nuestro país ya tenía, por suerte, una expectativa de vida muy extensa, y tenía ya también problemas demográficos de baja natalidad, a lo que se sumaba el impacto de la justa reforma constitucional de 1989 (acompañada por casi el 80% de la ciudadanía). La disyuntiva era clara: o se conseguía la sustentabilidad del sistema o terminaría por colapsar.

Después de muchas idas y venidas se terminó creando, con la ley N° 16.713, un sistema totalmente nuevo, que no respondía a ninguna receta externa y que sintetizó experiencias y esfuerzos nacionales e internacionales, incluyendo el sistema de AFAP pero manteniendo también el rol del BPS. En el segundo período del Dr. Sanguinetti, blancos y colorados aprueban la reforma después de dos intentos fracasados del Dr. Lacalle. Conviene de paso recordar que fue en 1992 cuando el BPS integró por primera vez los representantes sociales a su directorio.

Por supuesto, el Frente Amplio se opuso, retirándose de las reuniones que sobre el tema se hicieron antes de que asumiera el Dr. Sanguinetti, con posturas contradictorias en el Parlamento y llevando adelante un fallido plebiscito.

Lo cierto es que la reforma aseguró la sustentabilidad del sistema.

Ahora el Dr. Vázquez y el Frente Amplio quieren hacer puntos reformando el sistema para beneficiar a los llamados "cincuentones", y preanuncian futuras reformas.

Estos temas son de enorme complejidad técnica y tienen muchas implicaciones. En lo que todos los técnicos están de acuerdo es en que quienes pueden verse perjudicados son las primeras jubilaciones de trabajadores de ingresos medios y altos. Porque los de ingresos más bajos se benefician con el nuevo sistema, ya que la reforma quiso premiar a quienes iban a recibir una menor jubilación. También se imaginó el sistema para que el mayor beneficio se obtuviera a partir del retiro a los 65 años, desincentivando hacerlo a edades menores.

Desde el Partido Nacional la solución que proponemos para corregir los eventuales perjuicios es que, al momento de retirarse, el trabajador pueda optar entre el sistema antiguo y el sistema actual. Que, con los números en la mano, el trabajador elija lo que le sirva más.

No se puede seguir toqueteando el sistema, desandando el camino recorrido y volviendo a las prácticas demagógicas que lo llevaron a la crisis. Otros quieren echar mano al sistema porque ideológicamente buscan su desaparición y quieren manejar el dinero que los trabajadores ahorran en las AFAP.

Debemos insistir en que el sistema de jubilaciones y pensiones no pertenece a ningún partido político, y que se sustenta en el apor-te solidario de todos nosotros. El gobierno debería recordarlo y actuar con la consiguiente prudencia, pensando más allá de las elecciones.

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