Gustavo Penadés
Gustavo Penadés

A propósito de la nueva pastera

El anuncio de la posibilidad de una nueva planta de celulosa es una excelente noticia. En tiempos en que las cosas están complicadas, un anuncio como este es tremendamente positivo. A partir de él, quiero detenerme en unos puntos que entiendo importantes.

El anuncio de la posibilidad de una nueva planta de celulosa es una excelente noticia. En tiempos en que las cosas están complicadas, un anuncio como este es tremendamente positivo. A partir de él, quiero detenerme en unos puntos que entiendo importantes.

Uno de ellos es que, pese a toda su retórica, la nueva pastera consolida el modelo de crecimiento que el Frente Amplio criticó durante años. Forestación y plantas de procesamiento recibieron furibundos cuestionamientos, pero, por suerte, desde 2005 se cambió de idea y hoy se las festeja. Es bueno ir unos años para atrás y recordar que si las pasteras pueden existir es por dos razones fundamentales: Una, hay madera, lo que debe agradecerse al gobierno del Dr. Lacalle Herrera y a quienes lo sucedieron que impulsaron la forestación creando una de las escasas políticas de Estado. Segunda, es la apertura económica y el mantenimiento de políticas de zonas francas y de incentivo a las inversiones, las que también luego de criticarlas el F.A., mantuvo.

La nueva pastera también sirve para mostrar la consolidación del modelo de crecimiento del país basado en la exportación de productos agropecuarios. Carne bovina, celulosa y soja lideran con comodidad el ranking de productos exportados en 2015 al igual que desde hace muchos años. ¿Es malo que sea así? De ninguna manera, en tanto Uruguay está explotando parte de su histórico potencial agroexportador. Además, no hay que olvidar que, a su impulso, básicamente, Uruguay empezó a crecer en 2004. Lo que se hace necesario es que ese crecimiento sea acompañado por otro que es mucho más difícil de lograr y que es el sustentado en la exportación de bienes y servicios donde el conocimiento es fundamental. Integrarse a las redes industriales que producen desde teléfonos y medicamentos a películas, requiere un salto exponencial en la calidad de los recursos humanos y una mayor integración al mundo. En estos aspectos es donde Uruguay tiene más problemas.

Y, lo peor, no radica en qué no se sepa lo que se debe hacer o que falten recursos. Hay un problema político en el seno del F.A. Algunos grupos bloquean los posibles cambios. Lo vimos en su momento con Gargano y su oposición a TLC con EE.UU. y lo vimos el año pasado con la furibunda negativa a considerar el TISA. Viven en una utopía; que sin integración se puede sobrevivir; aunque, paradojalmente se llenan la boca con las inversiones, sin reconocer que sin la apertura al mundo y sin las políticas que fueron diseñadas esencialmente en los años 90 esas inversiones jamás vendrían. La misma idea cabe para el capítulo de la formación en todos sus niveles. Sobre esto tanto se habla que a nadie ya sorprende. Lo que sí lo hace es que el país esté preso de estos grupos que libran sus batallas en los sindicatos docentes, en los consejos de educación y en la Udelar. En lo que queda de es-ta administración las cosas no parece que vayan a cambiar.

En el seno del FA se vive un fuerte conflicto que les insume mucho tiempo y energía; y tampoco tiene Vázquez una agenda y una coyuntura política favorable como tuvo en su primer mandato.

Por todo esto, el desafío de intentar sentar las bases pa- ra un cambio profundo lo tendrá el próximo gobierno, que esperamos sea del Partido Nacional.

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