Gustavo Penadés
Gustavo Penadés

Calidad institucional

Desde hace tiempo venimos sosteniendo que es necesario un mayor control sobre lo que conocemos como Estado paralelo. 

La expresión alude al conglomerado de empresas comerciales, instituciones públicas de derecho privado y fideicomisos que han aumentado exponencialmente en los años de gobierno del Frente Amplio y que cumplen funciones que, en la mayoría de los casos, estaban a cargo de la administración central, descentralizada y autónoma.

Lo que apareció sobre fines de los 90 como un instrumento de uso excepcional, se fue convirtiendo en algo normal que convive con lo que podríamos definir como el "Estado tradicional".

Finalmente, después de mucho insistir, en el proyecto de Rendición de Cuentas aprobado en la Cámara de Diputados fue posible introducir algunas propuestas tendientes a mejorar el control parlamentario de ese Estado paralelo. Por una parte, se acordó la obligatoriedad de que esas instituciones aporten información al Tribunal de Cuentas, y, por otra, la obligación de informar a la Oficina de Servicio Civil acerca de lo que sucede con su personal.

De esa manera se podrá disponer de información que permitirá ir conociendo en el Parlamento el real estado de cosas.

Que estas propuestas prosperaran como también otras, por ejemplo, las vinculadas al Fondo de Solidaridad, o, por el contrario, que se desestimaran iniciativas del Poder Ejecutivo, fue posible por haber perdido en su momento el Frente Amplio la mayoría. Como se recordará, el diputado Gonzalo Mujica se declaró independiente en diciembre del año pasado y ello ambientó una serie de movimientos muy importantes.

Por unos meses el Frente Amplio no tuvo mayoría automática y por tanto se debieron extremar las instancias de negociación entre los partidos.

Esto implicó un cambio significativo ya que el FA desde 2005 viene imponiendo su voluntad sin casi escuchar y, ni que decir, tomar en cuenta las propuestas o las simples sugerencias de la oposición.

Esto obedece tanto a la soberbia de quienes se creen dueños de la verdad y de ser los buenos frente al mal encarnado por la oposición; como al temor de que lo negociado en la interna del Frente Amplio sufra cambios como consecuencia de la búsqueda de acuerdos con la oposición. Y, naturalmente, a partir de esa situación los legisladores del FA no quieren complicaciones innecesarias. ¿Para qué enfrascarse en conversaciones difíciles si por sí y ante sí pueden aprobar, rechazar o modificar casi cualquier asunto, sin necesidad de negociar?

La verdad es que muchas cosas podrían mejorar y muchos problemas se evitarían con escuchar siquiera un poco a la oposición. A modo de ejemplo, el gran lío con el Poder Judicial. En su momento, el Partido Nacional además de advertir sobre los problemas que se vendrían propuso cómo evitarlos, pero fue desoído. Ahora, una vez que el Frente Amplio recuperó la mayoría sería deseable mantener un mayor clima de diálogo entre todos los sectores políticos.

Tal proceder además de atender y mejorar situaciones concretas contribuiría, sin duda alguna, a mejorar la calidad institucional y democrática de nuestro país.

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