Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Verdades que mienten

Los números no mienten", decía el inefable contador Damiani. "Los que mienten son los que manejan los números".

Algo parecido ocurre con las encuestas y los rankings, o mejor dicho, con quienes los difunden y manejan. En manos de políticos, economistas y activistas de todo pelo, los números suelen terminar diciendo lo que se quiera. En la medida que estos procedimientos empobrecen el debate público hasta el punto de afectar la toma de decisiones de los actores públicos y particulares, el costo social puede ser muy alto.

A veces un buen resultado puede ser aún mejor si se omite toda referencia contextual.

Tal es el caso de la encuesta Latinobarómetro sobre confianza en la Policía difundida recientemente por el Ministerio del Interior. Según la institución, Uruguay es el país con el mayor grado de confianza en la Policía de toda América Latina.

Dicho así, el resultado es fantástico, pero no lo es tanto si la cifra se pone en contexto: la comparación se logra frente a países que integran el continente que tiene la mayor tasa de homicidios del mundo y la más baja tasa de confianza interpersonal. El resultado no dejaría de ser bueno (probablemente en este asunto, como en tantos otros, estemos en puestos destacados desde hace más de un siglo) pero nos obligaría a matizar la algarabía.

La comparación recurrente con países que están en el fondo de la tabla puede dar pie a la autosatisfacción y a una falsa sensación de superioridad.

Nada de esto ocurriría si incluyéramos otras variables además de la geográfica y nos comparáramos con un elenco más competitivo de países.

¿Con qué países debería medirse Uruguay si queremos tener un resultado verídico e inspirador? Veamos otro ejemplo de estos días. En este caso, un resultado malo que, en su debido contexto, luce aún peor.

El Banco Mundial publicó recientemente su ranking Doing Business 2018, en el que mide la facilidad de los países para hacer negocios. A diferencia de lo que ocurre en casi todos los indicadores sociales, en los que Uruguay ocupa los primeros lugares de la región, en materia de negocios presentamos un desempeño muy pobre: no solo estamos en el puesto 94 en el mundo, entre 190 países medidos, sino que, en América Latina y el Caribe, ocupamos el 10mo. puesto. ¿No es esto suficientemente malo? En contexto es aún peor.

El ranking del Banco Mundial permite agrupar a los países tanto por región como por el nivel de los ingresos. Para el banco, Uruguay es un país de ingresos altos, a diferencia de los demás países del continente, que se agrupan principalmente en los segmentos Bajo Medio y Alto Medio. Comparados con países del mismo segmento, ya no estamos a mitad de tabla sino que ocupamos el puesto 48 de 56 países, lo que nos deja al borde de caer en el decil más bajo.

Una democracia de calidad con instituciones maduras, requiere un debate riguroso y honesto.

Para alcanzarlo, los actores sociales públicos y privados deben asumir el desafío de dejar de hacer propaganda a costa de la realidad y apuntar más alto.

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