Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Temple oriental

Dino cree que Dolores va a superar la destrucción y el dolor porque es un pueblo oriental. Gastón Ciarlo, el popular cantautor que conocemos como “Dino”, es hijo de italianos y se crió en el barrio de los judíos.

Dino cree que Dolores va a superar la destrucción y el dolor porque es un pueblo oriental. Gastón Ciarlo, el popular cantautor que conocemos como “Dino”, es hijo de italianos y se crió en el barrio de los judíos.

Un típico montevideano de su época, que emprendió un día el viaje de la música, aprendió de vientos, se convirtió en emigrante y volvió, no a su ciudad natal sino a Dolores, donde se afincó hace ya demasiado tiempo. Dino sabe de vientos y sentimientos, de modo que deberíamos tomar en serio su augurio, pronunciado en medio de los escombros de lo que había sido, hasta pocas horas antes, su hogar.

¿Ser oriental? ¿Cuánto hacía que no escuchábamos a un uruguayo referirse en esos términos? ¿Qué es ser oriental en medio de la tragedia? Sólo Dino sabe el sentido profundo de sus palabras, pero algo hay de coraje silencioso, de templanza en la adversidad, en este país accidental, aluvial y autóctono que llamamos, a falta de marketing patriótico, con el nombre del río Uruguay.

A modo de conjetura, podríamos especular con que “ser oriental” es una condición del espíritu que, en casos de emergencia social, nos hace respetar la ley, la autoridad y los protocolos, mientras nos organizamos para echar una mano.

¿Dónde estuvo el presidente y sus ministros, los obreros del Sunca, la oposición con sus dirigentes y militantes; los párrocos, los acólitos, los estudiantes, los docentes, los médicos, los soldados y policías, en fin, la ciudadanía de cualquier profesión y condición, mientras los doloreños se levantaban de entre los escombros? Justamente allí, donde había que estar. ¿Y en qué dificultó la organización de la solidaridad oriental las diferencias que nos separan en materia política, religiosa, económica, social o de cualquier especie? En nada. Por el contrario, cuando esas diferencias son bien canalizadas, le dan a nuestro pueblo la dinámica que necesita para transformar los conflictos en riqueza, solidaridad y bienestar. Y cuando deben ser dejadas de lado porque la emergencia llama, se dejan de lado. Así de sencillo y de complejo.

La templanza y la solidaridad no forman parte de la carga genética. El temple se define como “carácter valiente, fuerte y tranquilo en las situaciones difíciles”, y salvo para los nacionalistas xenófobos, no es patrimonio de ningún pueblo en particular. La templanza, en cambio, es una virtud que consiste en una disposición firme y habitual por hacer el bien. La solidaridad se sostiene con valores morales y espirituales. Es independiente de las estructuras y las organizaciones. Radica, esencialmente, en las personas que deciden practicarla.

Durante los últimos días hemos visto a miles de personas valientes, tranquilas y dispuestas a hacer el bien al prójimo, aún sin conocer a nadie que viva en Dolores y sin pretender mérito o reconocimiento alguno. La templanza y la solidaridad se ven en la capacidad de superar la molicie de un fin de semana de lluvia y el legítimo derecho de disfrutar de lo que el trabajo proveyó, para compartirlo con quien más lo necesita.

Para Dino, Dolores se va a levantar de los escombros que dejó el tornado porque encarna al pueblo oriental, y quizás tenga razón.

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