Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Los nombres del gobierno

El conflicto generado por las medidas sindicales en la enseñanza y el decreto de esencialidad dispuesto por el gobierno, parece encaminarse hacia una solución salomónica y tanto la central sindical como el presidente Vázquez van a terminar repartiendo dividendos.

El conflicto generado por las medidas sindicales en la enseñanza y el decreto de esencialidad dispuesto por el gobierno, parece encaminarse hacia una solución salomónica y tanto la central sindical como el presidente Vázquez van a terminar repartiendo dividendos.

Los dirigentes sindicales del Pit-Cnt porque respaldaron a sus colegas de la CSEU y el presidente porque se puso, una vez más, del lado del ciudadano medio.

El golpe de mando de Vázquez está por fuera de lo que la legislación le permite y alimenta en la gente la sensación de que es posible vindicar una causa justa (que los estudiantes de la Enseñanza Media tengan clases regularmente) con un acto de gobierno, exista o no un marco jurídico que lo permita. El resultado no podía ser otro que el obtenido: enfrentamiento con la cúpula sindical y los sectores conservadores de la coalición oficialista, y un amplio respaldo popular, lo que incluye un importante sector de los frentistas y de tantos otros que, sin serlo, lo apoyan en esta decisión.

En apariencia, el Secretariado Ejecutivo del Pit-Cnt se encuentra jaqueado entre su base militante y su partido de gobierno. Parecería un conflicto de lealtades, como cuando la abuela le pregunta al niño si quiere más a papá o a mamá. Se trata de una falsa dicotomía.

La dirigencia sindical sabe que la base y la cúpula política son sólo dos expresiones del poder y que el secreto del éxito consiste en no defraudar a la primera y no sabotear a la segunda. Por eso no hay expresiones “tonitruantes” sino tan solo de “dolor”, por lo que califican apenas como un “error político” de Vázquez. De la indignación que despertó el decreto el lunes de noche, se pasó a un paro “general parcial”, oxímoron con que los dirigentes gremiales llaman al hecho de no realizar ninguna movilización significativa. Dicho de otro modo, los sindicatos de la Enseñanza entrarán en razones poco a poco (seguramente con la concreción de mejores ofertas) y el Pit-Cnt realizará lo que el contador Damiani denominaba una “tormenta con matracas”.

No se trata, como supone erróneamente la oposición, de un juego cínico de poder, de una simulación que se cobra cientos de horas de clases y salarios. Tanto Vázquez y sus ministros como la dirigencia sindical son personas que luchan genuinamente por sus ideas. El problema que tienen es que, siendo socios en el poder, sus ideas e intereses no siempre son convergentes.

Quizás el presidente, en cumplimiento de su mandato, quisiera tomar medidas sobre la Enseñanza u otros asuntos, pero sabe que no puede llevarse puestos a los sindicatos. El Pit-Cnt, que tiene con el gobierno algunos temas para resolver que exceden la agenda educativa, sabe que ninguna diferencia puede dejar al gobierno a una encrucijada que lo muestre cediendo totalmente ante los sindicatos.

Lo único que queda por saber es cuánto nos va a costar. Quizás sean algunos millones de dólares más o menos para los docentes, quizás debamos olvidarnos de que Uruguay negocie en el TISA. Lo que no deberíamos esperar es que el conflicto se agudice. En esta era postcolorada, y parafraseando a Wilson Ferreira, Frente Amplio y Pit-Cnt son los nombres que en el Uruguay se le da al gobierno.

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