Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Gaiteros

Según reza un antiguo refrán inglés, “el que paga al gaitero elige la canción”. Algo de eso ocurrió en las elecciones departamentales de Montevideo: en los municipios que aportan la mayor cantidad de recursos económicos, el oficialismo quedó en minoría.

Según reza un antiguo refrán inglés, “el que paga al gaitero elige la canción”. Algo de eso ocurrió en las elecciones departamentales de Montevideo: en los municipios que aportan la mayor cantidad de recursos económicos, el oficialismo quedó en minoría.

La señal expresa el descontento con la relación costo-beneficio de una porción del electorado, pasible de contagiar otras zonas y ámbitos políticos.

En términos globales, las departamentales consolidaron algunas tendencias de larga data. La primera es la supremacía del Frente Amplio en la populosa región metropolitana. Por sus características demográficas, sociales y culturales, Montevideo y su zona de influencia tienen un comportamiento diferente al del resto del país, y más que eso, irradian sus gustos, preferencias y liderazgos al resto del país; así el Frente Amplio obtuvo la mayoría en octubre y noviembre.

En las departamentales, en cambio, los votantes del interior prefirieron a los líderes locales y mantuvieron la hegemonía territorial del Partido Nacional, aunque si tomamos los últimos diez años, el Frente ya alterna en ocho departamentos, además de Montevideo y Canelones.

Daniel Martínez obtuvo un triunfo con sabor a revancha. El aumento en la votación del oficialismo se explica por la recuperación del voto en blanco, con el que muchos frentistas sancionaron el dedazo de hace cinco años. Martínez aplastó a sus verdugos, desatando el alerta sobre el futuro político del MPP sin el carisma de su anciano líder y arrancando primero en una futura carrera por una pre candidatura presidencial.

"Parafraseando una conocida sentencia del genial Charles Chaplin ("En la Metro Goldwin Mayer no hay nadie que piense, y ese hombre es Louis B. Mayer"), los resultados de Montevideo no arrojaron sorpresas, y esa persona es Edgardo Novick".

El Partido de la Concertación (pedido y sostenido en las urnas por la gente) pudo haber retenido en manos nacionalistas y coloradas las intendencias de Río Negro, Paysandú y Salto, pero en lugar de planificar el largo plazo, los líderes de los partidos históricos alentaron la competencia, la desconfianza, y en el mejor de los casos, la frialdad. Así alejaron toda posibilidad de destronar al Frente Amplio del gobierno, y jaquearon el intento concertado en Montevideo, que si no hubiera sido por la irrupción de Edgardo Novick, habría terminado en un desastre. Se da la paradoja de que Novick es un líder que no tiene partido y el Colorado es un partido que no tiene líder. Sin embargo, lo que antes fue una gran barredora de votos, hoy no despierta atractivo alguno. No hay razón para suponer que Novick vaya a sacrificar su éxito personal, consiguiendo el voto de ciudadanos de todos los partidos, para cobijarse en un partido con una crisis aguda.

Controlar la gestión de la Intendencia y proyectarse a partir de un puñado de ediles no parece una plataforma razonable, por lo que su futuro político y el de la Concertación van atados. En alguna medida, ambos dependen de lo que decidan finalmente los líderes y dirigentes de las dos colectividades históricas, que conforman la dirección del novel partido.

Sin embargo, la irrupción de Novick tiene una legitimidad y una potencialidad incuestionables. Si alguna duda cabe, ahí están los ataques de varios dirigentes frentistas para marcar el temor ante su éxito.

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