Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Desconcierto

Suele decirse que las elecciones no las gana la oposición sino que las pierde el gobierno. El caso de las departamentales de Montevideo, en las que el Frente Amplio se apresta a vencer por sexta vez consecutiva, podría ser excepcional.

Suele decirse que las elecciones no las gana la oposición sino que las pierde el gobierno. El caso de las departamentales de Montevideo, en las que el Frente Amplio se apresta a vencer por sexta vez consecutiva, podría ser excepcional.

No es solo que el partido gobernante logró bloquear las consecuencias electorales de su pobre gestión; la oposición también le dio una mano: comenzó a suicidarse casi al tiempo que estaba pariendo una nueva opción electoral.

Daniel Martínez, candidato favorito a triunfar en la interna frentista según todas las encuestas, reconoce que Montevideo ya no enamora a nadie. Viniendo de uno de los candidatos oficialistas, no vale la pena discutir sobre su razón. En efecto, Montevideo luce desaseada y decadente, fuera de su franja costera y un par de enclaves excepcionales. ¿Cómo es posible que el partido de la Concertación, creado ante el declive del ciclo frentista y ante los números promisorios de las encuestadoras, haya llegado fracasado tan rotundamente, al punto de pelear, apenas, en el municipio CH?

Desde los concertados, se escuchan principalmente voces autoexculpatorias. Fuera de micrófonos, sus voceros y dirigentes lanzan acusaciones cruzadas, como es habitual cuando las cosas no salen bien. Justo es reconocer que por ahora, no han perdido la compostura, pero habrá que esperar los escrutinios del 10 de mayo para ver quién queda en condición de festejar y quién de pasar facturas.

En privado manejan dos argumentos: la virtual desaparición del voto colorado y la “destitución” de Jorge Gandini como candidato nacionalista.

En el Partido Colorado, el desaire que sufrió Ney Castillo por parte de una porción de la dirigencia que incumplió su compromiso de votarlo, precipitó su renuncia.

El ex presidente argentino Carlos Menem definió alguna vez este síndrome del dirigente abandónico con su singular sabiduría: “A mis amigos los sigo hasta el cementerio, pero no me quedo”.

Desde el FA se intenta desacreditar el “fenómeno Novick” atribuyendo su exitosa irrupción al dinero invertido en publicidad o, peor aún, a su discurso antiideológico, no partidario. Ambas cosas son parcialmente ciertas, pero si no fuera por el apoyo masivo de los votantes colorados, los números no darían. Su performance es extraordinaria pero lo acusan de “pesca en la pecera”, razón por la cual la estrategia del Partido de la Concertación de poner un candidato independiente para agrandar la torta no habría funcionado. Claro que esto no es fruto del azar sino de la intención deliberada de los implicados y la respuesta favorable de miles de electores.

Si a eso se suma el magro resultado que cosecha Álvaro Garcé (entusiasta sustituto de Jorge Gandini) y la debacle electoral del Partido Colorado, tenemos la tormenta perfecta.

Al menos perfecta para el Frente Amplio, que se apresta a celebrar por sexta vez consecutiva una victoria en la capital.

Es probable que las elecciones no las gane la oposición sino que las pierde el gobierno, pero Montevideo está gobernado por un partido que ganará nuevamente, no porque enamore al electorado sino porque supo tomar las decisiones correctas, abandonando su viejo principio de la candidatura única y dejando competir a su mejor candidato.

A esto hay que agregarle que la oposición, coaligada en un proyecto y una campaña inexistente, ha hecho todo lo que estuvo a su alcance para perder.

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