Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Balance veloz

Es importante saber de boca del ministro de Economía que “la situación de Ancap está mejorando a una velocidad llamativa”. Bastante tuvimos con ser rehenes de una empresa pública monopólica que colapsó como para no celebrar este cambio. Ahora seguimos siendo rehenes de los precios administrados y el monopolio, pero al menos los balances no dan en rojo.

Es importante saber de boca del ministro de Economía que “la situación de Ancap está mejorando a una velocidad llamativa”. Bastante tuvimos con ser rehenes de una empresa pública monopólica que colapsó como para no celebrar este cambio. Ahora seguimos siendo rehenes de los precios administrados y el monopolio, pero al menos los balances no dan en rojo.

No deberíamos dejar pasar la oportunidad de sorprendernos con Astori de la velocidad de mejora de la “petrolera”. Si no se trata del blindaje de los precios decidido por el gobierno, ¿cuál podría ser el secreto de la velocidad y de la mejora? Astori dijo que una de las claves fue la excepcional disminución de los costos operativos del gigantesco holding estatal.

Un lector extranjero (o un oriental que hubiera vivido los últimos doce años en un tubo de ensayo) pensará que semejante cambio de rumbo se debió a la llegada al gobierno nacional de un partido diferente al de las anteriores administraciones que terminó con el despilfarro. ¿Cómo explicarlo si no?

Danilo Astori también tuvo palabras exultantes al referirse a ALUR, una empresa de fantasía pensada por un grupo de personas que, habiendo ensayado antes con El Banquero o Monopoly, decidieron pasar a jugar con dinero de verdad (aunque ajeno) mientras planeaban un futuro político venturoso. “A la pregunta de si en ALUR estamos cambiando, la respuesta es afirmativa”, dijo Astori. ¿Estamos ante dos milagros dignos de una canonización más rápida que la de Teresa de Calcuta o falta algún elemento de análisis?

El ex presidente estadounidense Ronald Reagan, dijo alguna vez que la visión gubernamental de la economía solía ser la siguiente: “si se mueve, póngasele un impuesto. Si se sigue moviendo, regúlese, y si no se mueve más, otórguesele un subsidio”. En el caso de ALUR se ahorraron los primeros dos pasos. Como nadie pensó que el engendro fuera a moverse jamás, se construyó una economía de fantasía (como en El Banquero) con precios que cubrían gastos y aseguraban rentabilidad, hasta que finalmente se logró, a base de subsidios, que los números cerraran.

La excusa (siempre hay una) era asistir a una población castigada por la crisis y la frustración. La realidad es que el engendro tiene de rehenes a los presuntos beneficiarios, convencidos a esta altura del partido de que es mejor vivir del subsidio (dinero de otros trabajadores destinado a pagar más caro lo que puede conseguirse más barato), que intentar abrirse camino creando riqueza.

Sobre cómo fue posible tal milagro en apenas unos meses de la nueva administración, el ministro no dio mayores detalles. Sabemos que el nuevo directorio, adscripto al Poder Ejecutivo, está integrado por profesionales capaces y honestos. Si es así, se confirmaría cuáles fueron las claves de su reciente quiebra.

No faltará quien diga que cualquier empresa monopólica, con precios administrados y dirigida por profesionales capaces y honestos, no puede menos que dar resultados aceptables. Dicho de otro modo, lo menos que se le puede pedir a un gobierno con tales ventajas y teniéndonos a todos de clientes cautivos, es que logre cerrar el ejercicio sin perder dinero. Y como esto no es mucho pedir, tampoco parece un asunto del cual hacer alarde.


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