Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Un ADN viejo y porfiado

El presidente Vázquez volvió a la carga con su promesa de cambiar de raíz el sistema educativo.

El presidente Vázquez volvió a la carga con su promesa de cambiar de raíz el sistema educativo.

Durante el Consejo de Ministros realizado en la localidad floridense de Cardal, Vázquez aseguró que su gobierno está “llevando adelante cambios en el ADN de la educación”, tal como se había comprometido en la campaña electoral del 2014. “Lo vamos a cumplir”, sentenció el mandatario, pero no dio mayores detalles. A excepción, claro está, de la atrabiliaria idea de ir a buscar a los liceales desertores “casa por casa”.

Uruguay tiene un grave problema de deserción en la enseñanza media, que condenará a miles de jóvenes a un futuro laboral incierto y a toda la sociedad a una pérdida de productividad y oportunidades de desarrollo. Aun tomando la expresión presidencial como una metáfora, está claro que eso nada tiene que ver con un cambio de ADN. Pero saquemos la cabeza de la aldea y veamos en qué anda el mundo.

Nos toca vivir en la era del capitalismo globalizado, un proceso transnacional de una magnitud que excede la esfera de decisión de los gobiernos, incluso los de países poderosos. Los nuevos sistemas productivos basados en el conocimiento, la ciencia, la tecnología y el capital humano, reclama de los nuevos trabajadores un conjunto de habilidades y destrezas.

Los sistemas educativos podrán tener sus singularidades locales, pero deben responder a esta demanda, a riesgo de hacerle perder a sus ciudadanos el tren del desarrollo y el bienestar, lo que supone hipotecar la autonomía de los individuos y la soberanía de las naciones.

El Foro Económico Mundial ha publicado una lista de dieciséis habilidades para el siglo XXI. Están agrupadas en tres grandes áreas y constituye un continuo de formación de por vida. Un verdadero mapa de ruta para cambiadores de los ADN educativos.

El documento denomina “Alfabetización fundamental” a las habilidades básicas aplicadas a tareas cotidianas. Allí aparecen la alfabetización tradicional (la lectoescritura) junto a las habilidades numéricas, científicas, financieras, culturales, cívicas y las que nos permiten el manejo de las tecnologías de la información y la comunicación.

La segunda área de habilidades requeridas está definida propiamente de “competencias” (cómo los estudiantes abordan desafíos complejos), e incluye el pensamiento crítico, la creatividad, la comunicación y la capacidad de participar en procesos colaborativos.

Finalmente, la tercera abarca las “cualidades del carácter” y busca determinar cómo los estudiantes abordan los ambientes cambiantes en los que deberán trabajar y producir, en cuestiones tales como la curiosidad, iniciativa, persistencia, determinación, adaptabilidad, liderazgo, percepción de los cambios sociales y culturales.

Ahora volvamos a la aldea. ¿Alguien cree de verdad que el sistema educativo uruguayo está cambiando, de manera consistente y lo suficientemente veloz, en este sentido? Ni siquiera sabemos si Vázquez lo cree, si se lo hicieron creer o si no le queda otra, más que mantenernos ilusionados.

Lo que sí sabemos es que, como decía Líber Seregni, “los hechos son porfiados”. El presidente Vázquez tiene aún dos años y medio para cumplir con su promesa electoral, pero no parece que esté aprovechando el tiempo.

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