Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Abusivo

Para Nicolás Maquiavelo, es imposible conocer el propósito de quienes detentan el poder, por eso debemos “en parte inferirlo de las palabras y los actos que cumplen, y en parte imaginarlo”.

Para Nicolás Maquiavelo, es imposible conocer el propósito de quienes detentan el poder, por eso debemos “en parte inferirlo de las palabras y los actos que cumplen, y en parte imaginarlo”.

La reflexión del pensador florentino no se refería al Pit-Cnt en particular puesto que fue escrita en el año 1513, pero bien podría aplicarse al plan de la central sindical de luchar contra los “precios abusivos” mediante los escraches a comercios, especialmente cadenas de supermercados.

La medida debería tener, de acuerdo a lo anunciado por sus promotores, el sustento de la información proporcionada por militantes y afiliados, pero antes de que eso sucediera, los camiones ya enfilaban hacia las “grandes superficies”.

Es significativo destacar que los dirigentes sindicales operan (también en este asunto) en sentido inverso a la mayoría de los ciudadanos, que recorren largas distancias para buscar las ofertas y, en términos generales, los mejores precios que ofrecen los supermercados, ventajas derivadas de la compra a gran escala y las condiciones financieras que obtienen de sus proveedores.

El problema no sería el precio, por lo general más alto en los comercios minoristas, sino la “posición dominante” y el remarque. Pero si el precio abusivo es un número mágico y fruto de una sutil filigrana económica, la “posición dominante” nos remite a un juego comercial con actores reducidos y de poder asimétrico.

Intentando colaborar, publiqué en mi cuenta de Twitter una encuesta para que la gente identificara quién estaba detrás de ese abuso de posición dominante entre cuatro agentes: los importadores, las “grandes superficies”, el Mercadito de Don Bartolo (un comercio barrial imaginario) y el Estado. La visión del Pit-Cnt y la de los consumidores fue antagónica: el 77 por ciento consideró que el mayor abusador era el Estado, seguido muy de lejos, con un 11 por ciento, por las “grandes superficies”.

La capacidad del Estado de incidir desde una posición dominante sobre los precios, es incomparablemente mayor a la de cualquier otro agente económico y, por lo visto, no se puede manipular a la gente tan fácilmente.

¿Cómo es posible que esta realidad no haya sido percibida por los dirigentes sindicales, que cuentan con un instituto especializado y un equipo de economistas? Para responder a esta pregunta no hay otro camino que el de la fórmula maquiavélica: si no podemos inferir de las premisas el propósito del Pit-Cnt, tendremos que imaginarlo.

Los escraches contra las “grandes superficies” podrían estar motivados por la necesidad de construir enemigos facilongos, de modo de movilizar y alentar al menguante público del 1º de mayo. También podrían constituir un formidable e infructuoso acto de distracción, que justifique por qué la movilización no dirige sus camiones hacia las oficinas del Estado, desde donde se empujó a los precios al alza y al país a la inflación.

Quizás influya que el Estado es el regazo donde se cobija, inamovible, la mayor parte de los cotizantes de la central única. No lo sabemos, pero podemos imaginar.

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