Francisco Faig
Francisco Faig

Vázquez y la minoría intensa

El teórico Giovanni Sartori tiene un concepto que es útil para entender la actual estrategia de campaña de Vázquez: el de las minorías intensas.

El teórico Giovanni Sartori tiene un concepto que es útil para entender la actual estrategia de campaña de Vázquez: el de las minorías intensas.

Se trata de grupos pequeños de ciudadanos que viven con pasión las cuestiones políticas. La minoría intensa es generalmente dogmática, sectaria o fanática; ve todo en blanco y negro; el mal todo de un lado y el bien todo del otro (el suyo propio). Sartori escribe que en este caso la intensidad y la cognición tienen una correlación negativa, por lo que en estas minorías intensas triunfa “la mente cerrada sobre la mente abierta”.
Lejos de hacer pedagogía democrática y romper con la lógica dogmática del comité de base, el avejentado Vázquez ha optado por seducir a las minorías intensas frenteamplistas. El objetivo es acumular apoyos internos a la vez que minimizar los que pueda recibir Constanza Moreira.

Así, hoy da manija en la interna, y luego de junio, desestimará las pretensiones de la minoría intensa del comité, con su mejor cara de galeno circunspecto. Para octubre, no precisará burlarse de Larrañaga, o promover el sentimiento anti- terrateniente tan extendido en la izquierda. En realidad, no está haciendo nada nuevo. En todos estos años tanto él como Mujica se ocuparon de aguijar a estas minorías intensas toda vez que las necesitaron para afianzar su poder interno, y luego cambiaron de rumbo sin pagar mayores costos. Muchos creen que Vázquez podrá hacerlo una vez más. Empero, quienes así razonan están cayendo en una ilusión, porque no perciben los cambios de esta década que condujeron a esas minorías intensas a ocupar lugares políticos y sindicales claves.

En efecto, la jugada de la administración Vázquez de dejar finalmente quietas las raíces de los árboles tuvo su consecuencia en el resquemor de esas minorías intensas que promovieron en 2009 el giro a la izquierda. Hoy, el protagonismo de Moreira hace pie en esa decepción que encarna la precandidatura de Vázquez en el izquierdista intenso. Mañana, cuando el crecimiento económico no sea tan vigoroso, la movilización política y sindical protagonizada por esa minoría, será el pan nuestro de cada día, y ya no responderá a la autoridad del líder Vázquez.

No habrá discurso de unidad de la izquierda que pueda conformarla. Porque ella no va a aceptar que se traicionen nuevamente las promesas de la campaña interna y sabe, además, que su representación parlamentaria, por muy escasa que sea, será fundamental en un eventual gobierno frenteamplista. Si gana Vázquez, la impaciencia por tomar medidas que encaminen al país hacia el socialismo no prestará atención a la cara de circunspección que pueda poner el galeno .

El camino que precisa emprender el país es contrario al que valora esta minoría intensa del comité. Se hace imprescindible pues que de una buena vez la vieja guardia izquierdista rompa con el discurso de confrontación del nosotros- los buenos frenteamplistas contra ellos- los blancos y colorados deleznables.

Insistir con este torpe maniqueísmo, como lo hace ahora Vázquez, deja al país de rehén del chantaje de la minoría intensa del comité de base, ya sea que gane Vázquez o ya sea que gane un blanco o un colorado. Rumiando su fanatismo ciego, envalentonada, protegida tras el muro de yerba, ella intentará imponer su visión de mente cerrada sobre mente abierta.

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