Francisco Faig
Francisco Faig

El tercio menor

Desde el cambio constitucional de 1997 la lógica del balotaje fue conduciendo a un entendimiento político binario de la escena nacional: por un lado la diversidad de izquierdas reunidas en el Frente Amplio (FA); por otro lado una oposición formada sobre todo por los dos partidos fundacionales.

Desde el cambio constitucional de 1997 la lógica del balotaje fue conduciendo a un entendimiento político binario de la escena nacional: por un lado la diversidad de izquierdas reunidas en el Frente Amplio (FA); por otro lado una oposición formada sobre todo por los dos partidos fundacionales.

Ese escenario ha ido modificándose con el paso de las elecciones. Primero, porque rápidamente el espacio opositor pasó a tener un partido electoralmente mucho mayor que el resto, cuya perspectiva es mantener su hegemonía y ser así, inevitablemente, quien proponga en balotaje la fórmula presidencial que compita con la frenteamplista. La vieja perspectiva de partidos fundacionales de pesos electorales similares, que podía avizorarse con el resultado de 1994, es hoy irreal. Segundo, porque a la izquierda del FA creció un partido que impide a la gran coalición federar todos los apoyos afines a priori, tras su candidatura presidencial en primera vuelta. Sufre así el FA, un mayor riesgo de no lograr la mayoría parlamentaria absoluta en octubre.

Lo cierto es que si nos atenemos a los antecedentes de 2004 en adelante; si tenemos en cuenta nuestro comportamiento de voto que históricamente evita bruscos cambios de tendencias electorales; y si vemos los funcionamientos sectoriales, la vitalidad de liderazgos y el peso de los apoyos político- sociales de cada uno de los principales partidos, es posible ya hoy adelantar algunas grandes líneas de perspectivas electorales para 2019.

El FA podrá recibir un 40 y pico por ciento de apoyo; el Partido Nacional (PN) un 30 y pico, y la conjunción de Independiente (PI), Colorado y de la Gente, un 20 y pico por ciento. Por supuesto, la variable del “y pico” aquí señalada es la clave para afinar los distintos escenarios electorales y políticos posibles, y es claro que hoy ella nos es completamente desconocida. Pero los grandes números más razonables son estos. Y todos los actores políticos lo saben bien.

Esta forma de concebir el escenario rompe con la lógica binaria que prima desde 1999. En efecto, lo novedoso de la futura elección parece estar en ese 20 y pico formado por tres partidos. Es difícil hoy, saber cuál de ellos se impondrá, si tendrán peso electoral similar o si alguno descollará con un resultado que le dé 6 senadores electos, por ejemplo. Pero lo cierto, es que lo que haga este tercio menor será clave para definir el futuro gobierno: si será de mayoría frenteamplista o de mayoría blanca.

Podrá parecer extraño para la vieja forma de pensar. Pero, en verdad, el escenario ya cambió. Sin Bordaberry, hay una tentación colorada de correrse hacia la izquierda, ¿para luego colaborar con un FA sin mayoría absoluta pero con candidato presidencial moderado? El grupo de Novick parece firme opositor al FA, ¿pero acaso no negoció ya con Martínez temas claves de gestión en la Intendencia? El PI quiere ser el gran representante de la socialdemocracia uruguaya, ¿no podría incidir de esta forma en un futuro gobierno del FA y apoyar pues a su candidato en el balotaje?

Si el FA no alcanza la mayoría absoluta parlamentaria propia en octubre, el tercio menor no se alineará fácil y automáticamente, tras el candidato del PN en el balotaje. Ojo al gol.

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