Francisco Faig
Francisco Faig

Panamá y los acomodos

Trescientos mil dólares (US$ 300.000) por mes. Esa era la cifra que según la información de los Panama Papers pensaba transferir la empresa Uysoftware de Javier Vázquez, hijo del presidente, a una cuenta bancaria en Panamá a partir de 2008. Lo que efectivamente sabemos que ocurrió es que hubo al menos un giro de 80.000 dólares en 2009 a otro paraíso fiscal en Islas Vírgenes.

Trescientos mil dólares (US$ 300.000) por mes. Esa era la cifra que según la información de los Panama Papers pensaba transferir la empresa Uysoftware de Javier Vázquez, hijo del presidente, a una cuenta bancaria en Panamá a partir de 2008. Lo que efectivamente sabemos que ocurrió es que hubo al menos un giro de 80.000 dólares en 2009 a otro paraíso fiscal en Islas Vírgenes.

Hace unas semanas en la columna “Nosotros y Panamá” escribí que “los papeles de Panamá exponen cómo hay elites que traicionan sus más graves responsabilidades sociales. A la traición suman el cinismo, cuando además tienen protagonismo político”, el ejemplo más claro era el de Cameron en Londres. Macri, más cerca, estaba siendo puesto en tela de juicio con toda razón por figurar en un esquema internacional de este tipo, que disimula ganancias obscenas.

Hay una pregunta que una sociedad democrática, sana y libre debe hacerse: ¿en qué negocio tan lucrativo pensaba participar el hijo del presidente que lo lleva a crear este instrumento financiero internacional? Para alejar toda sospecha de corrupción, es claro que la respuesta debe excluir cualquier vínculo nacional o internacional con el Estado, o que pudiera involucrar la posición preponderante del presidente Vázquez.

Hasta tanto no haya una respuesta cierta y clara, los Panama Papers habrán cubierto de un manto de duda moral a la familia Vázquez. Sin embargo, será un manto nada amplio. Porque, como sabemos, la hegemonía cultural-política de izquierda no dirá absolutamente nada acerca de este asunto, a pesar de haber chillado su escozor cuando se supo que había estudios de abogados locales que figuraban en los Panama Papers.

No es nuevo. Esa hegemonía no dijo nada cuando la explicación tanguera de Brech-ner, que alegó que tenía una de estas sociedades en Islas Vírgenes “pensando en el futuro” de sus hijos; o cuando Mujica defendió que alguno de sus allegados se hubiera embolsado comisiones en los negocios de Uruguay con Venezuela; ni tampoco, cuando se supo de comisiones similares pagas por la Ancap de Raúl Sendic.

El espíritu fascista partisano del nosotros contra ellos logró asfixiar la libertad de pensar y criticar. La dogmática izquierda vernácula, que pasta en el corral bovino del sereno pequeño clientelismo provinciano, denuncia con ferocidad a los Macri; pero calla sin vergüenza si se trata de uno de los suyos. Entre denunciar la corrupción de la Ancap de Sendic o fijarse en las gabardinas de la oposición, no duda en optar por los meandros del debate estético-vestimentario.

Hubo una época en la que argumentaba y cantaba contra las injusticias de la “rosca oligárquica” del poder. Ahora se aferra a sus contratos estatales, a sus cargos bien pagos y a sus amistades con ventaja. Y se arregla, comparativamente, baratito. Porque no pretende negocios de 300.000 dólares al mes. Le alcanza con unos contratos, como los de Larbanois-Carrero con Turismo, que le arrimen unos $ 80.000 al mes durante 10 años. Pero, sin ruborizarse, mientras se beneficia ominosa y obsecuentemente, sigue creyendo que es la defensora de las clases populares.

No es una década perdida. Es la década del espíritu Ancap: Acomodo Nacional, Compañeros, Amigos y Parientes.

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