Francisco Faig
Francisco Faig

Matar o morir

Sendic se marchó sin reproches del Plenario del Frente Amplio; fue reconocido en su tarea y valentía por Vázquez; sintió el apoyo de Mujica en tan difícil trance; está pronto para ser candidato en 2019; y vio cómo la oposición aceptó en silencio su partida del Parlamento.

Más allá de que su renuncia es un hecho político muy grave y que seguramente la presión de estos meses de la oposición fue clave, llama la atención el silencio parlamentario en el momento culminante del proceso. Primero, por un elemental sentido histórico: era la legítima oportunidad para reafirmar argumentos que dejaran en claro las posiciones de unos y otros. La política vive en los escenarios institucionales reales, no en las redes sociales.

Segundo, porque siempre hay que intentar elegir el terreno del enfrentamiento. Y en esta circunstancia importaba mucho forzar al oficialismo a tomar posición. Porque, caramba, es inadmisible que, después de todo, Sendic renuncie solo por "motivos personales". Lo que hubo, en realidad, fue un escenario ideal para hacer un juicio político al vicepresidente, es decir para proceder como señala el artículo 93 de la Constitución y tal como lo planteó el diputado blanco Iturralde. Y luego, frente a la opinión pública, que cada uno se hiciera cargo de sus silencios, connivencias, errores y amenazas de estos meses.

Aquí no hay peligro institucional alguno, pero sí una tremenda crisis política oficialista. Ella, naturalmente, ha querido ser relativizada por el Frente Amplio. Y con el cuco de cuidar la imagen del país, transmitir seriedad, dar certezas institucionales y no sé qué otra tontería similar se convenció en el Parlamento al superyó provinciano opositor de que había que dar un poco de respiro a Sendic. Incluso quienes entienden poco de política, que a esta altura ya son demasiados en la oposición, alegaron que nada terminó porque la Justicia está tras los negociados de Ancap. Como si las responsabilidades penales y civiles fueran similares a las políticas; como si se debiera dejar en manos de los fiscales la evaluación ciudadana de la connivencia frenteamplista con la corrupción de Sendic.

Detrás de todo esto hay un profundo error de valoración política. Resumiendo, parecería que la oposición cree que el oficialismo ha recibido ya tantos golpes que la alternancia en el poder es inexorable. Por tanto, habría que asumir cierta magnanimidad, seriedad, altura y hasta grandeza con los caídos frenteamplistas, de forma de terminar de ganarse el apoyo de mucha gente dolida con el oficialismo que a priori no simpatiza con los partidos de oposición. Aunque se siga atacando en otros temas, la compasión sería clave para seducir a ese electorado.

Pero la verdad es que la izquierda no está tan magullada. Además, con su lógica política schmitteana de amigo-enemigo, la misericordia opositora de hoy naturalmente se transformará en la fortaleza frenteamplista de mañana. Con riesgo de perder el poder, el Frente Amplio reformulará con ferocidad y para toda la oposición aquello tan jacobino de que "a los blancos ni un vaso de agua".

Es no haber aprendido nada creer que en lo que resta de gobierno esta izquierda tendrá piedad con los partidos de oposición. Hasta 2020 esto es a matar o morir.

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