Francisco Faig
Francisco Faig

Izquierdo despilfarro

Alas-U, que sobrevive solo gracias a un préstamo público de más de 15 millones de dólares, gasta más de $ 300.000 en un vuelo solidario a Durazno. El Parlamento dispone de 120.000 dólares para un viaje multitudinario a Zambia. Por un cortocircuito de luz, la Colonia Etchepare echó a perder 400 dosis de vacunas contra la gripe.

Alas-U, que sobrevive solo gracias a un préstamo público de más de 15 millones de dólares, gasta más de $ 300.000 en un vuelo solidario a Durazno. El Parlamento dispone de 120.000 dólares para un viaje multitudinario a Zambia. Por un cortocircuito de luz, la Colonia Etchepare echó a perder 400 dosis de vacunas contra la gripe.

¿Acaso este tipo de noticias, que indignan tanto, son nuevas? La verdad es que estos despilfarros han sido el pan nuestro de cada día de estos años de bonanza económica. Ocurre que ahora la opinión pública, en un contexto económico distinto, les presta más atención.

La gestión de Ancap ofrece varios casos. Uno de ellos es el del remolcador Ky Chororó, inaugurado en mayo de 2013, que todavía no pudo ser puesto en funcionamiento porque está mal hecho. Entretanto, Ancap ha pagado cerca de 6 millones de dólares de arriendo por otro barco. Otro ejemplo menos destacado pero más increíble aun, son las pérdidas del Fondes de unos 70 millones de dólares, por causa de préstamos a empresas tan inviables como compañeras-frenteamplistas.

El problema es que mientras todo esto ocurre, el Estado tiene enormes dificultades de gestión que podrían resolverse con más dinero. Distintas investigaciones de la Auditoría Interna de la Nación en 2012 y 2013 revelaron algunas de ellas.

Aquí van algunos ejemplos: el Ministerio de Desarrollo Social carecía de una base de datos sólida y otorgaba entonces subsidios a más de 29.000 personas a las que no les correspondía; en el Instituto de Empleo y Formación Profesional, de tarea tan importante cuando falta mano de obra calificada en el país, no había planificación de los cursos a dictar ni tampoco medición para evaluar resultados; y en Ganadería, el ministerio carecía de instrumentos para evaluar nada menos que la calidad del servicio que opera y mantiene la trazabilidad vacuna.

La terrible responsabilidad del Frente Amplio en el gobierno no es solamente despilfarrar dineros públicos alegremente y convivir sin dramas con enormes problemas de gestión. Lo más grave es que desde una visión de izquierda que supone un papel relevante para el Estado, y desde un lugar ilustrado que supone un mejor entendimiento de las prioridades del país, no haya optado por fortalecer la tarea pública allí donde más se la precisa.

Gobernar es administrar recursos escasos y priorizar. En concreto, ¿importa más financiar las empresas inviables del Fondes que disponer de 70 millones para reformar y mejorar la tarea del Poder Judicial?

Otros ejemplos: producción de cal a pérdida en vez de trenes de carga; avión presidencial en vez de inversión en instrumentos para meteorología; proyecto Antel Arena en vez de más cárceles para terminar con el hacinamiento; y biocombustibles de Alur a pérdida en vez de 10 liceos públicos modelo en la periferia de Montevideo. Así fueron las preferencias reales del Frente Amplio en el poder.

Se podrá decir que no hay nada nuevo bajo el sol: allí está la torre de Antel de Sanguinetti como monumento nacional a la frivolidad en el gasto público.

Pero ahí radica el problema: la izquierda llegó al poder con la promesa de ser diferente. No solo no cumplió, sino que tiró más manteca al techo.

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