Francisco Faig
Francisco Faig

La ira de Mercedes

Esta respuesta de Mercedes Vigil sobre Sendic en el reportaje que le hiciera EcosLa, incendió las redes sociales: “A ese señor lo quiero ver entre rejas con alguna enfermedad jodida, sin que pueda recibir medicamentos.

Esta respuesta de Mercedes Vigil sobre Sendic en el reportaje que le hiciera EcosLa, incendió las redes sociales: “A ese señor lo quiero ver entre rejas con alguna enfermedad jodida, sin que pueda recibir medicamentos.

Ese hombre debería estar preso, no solo por ser un mentiroso, porque eso es lo menos importante. Lo que más me preocupa es que es un corrupto, que hundió a Ancap y dilapidó todo nuestro dinero. Y lo más grave: ese dinero son segundos de vida de niños uruguayos con cáncer privados por su propio gobierno de recibir medicamentos”.

Está primero la constatación de siempre: la hemiplejia del juicio ciudadano, rendido a la hegemonía de la superioridad moral de la izquierda. Si alguien dice algo impertinente y es de izquierda, no pasa nada; si no lo es, corre el riesgo de ser linchado en las redes morales. Baste ilustrarlo con este ejemplo: Mujica, hace unos años, trató sin mucha sutileza de cornudos a los dirigentes opositores y de infieles a sus señoras; habló de “trompada de negro”; y dijo que el hombre debe “saber perder” al referirse al objeto- mujer en la violencia doméstica. Pero en todos estos casos la tribuna moral hecha de onegéscolectivosyciudadanosmovilizados guardó compañero silencio.

Segundo, está la impunidad de Sendic. Hay algo extraño en pretender que se olvide el tema o en plantearlo como si fuera una jugarreta de la oposición. Porque lo cierto es que la gestión al frente de Ancap del más menemista de los frenteamplistas costó más de 1.000 millones de dólares; su desfachatez al seguir firmándose licenciado es una burla permanente a los valores de toda una sociedad que sigue creyendo en el esfuerzo personal para salir adelante; y el apoyo que recibe de todo el Frente Amplio es una afrenta moral y política, sobre todo a miles de ciudadanos de izquierda.

Sendic está cortado de la realidad. Si, por desventura, sufriera en carne propia la tragedia de quienes no tienen dinero para pagar caros medicamentos que podrían permitirles sobrevivir a duras enfermedades, quizá sentiría, aunque fuera por un momento, el calvario cotidiano de esos compatriotas a quienes el Estado, por decisión de su gobierno, ha decidido no ayudar, dizque para hacer ahorros.

La ira que invadió la respuesta de Vigil apunta a la escandalosa mentira que oculta esta excusa gubernamental. Porque la verdad es que hay plata para comprar remedios caros para enfermos graves, para construir suficientes hogares de acogida para las mujeres víctimas de violencia doméstica o para tantas otras prioridades que además se precisan con urgencia. Lo que pasa es que el Frente Amplio en el poder, y Sendic en particular, prefirieron gastarla en otros asuntos, como, por ejemplo, en invertir y producir a pérdida por más de 200 millones de dólares cemento en Ancap. ¡Y aún hoy se siguen perdiendo millones de dólares en eso!

Vigil usó una infeliz metáfora para decir hasta qué punto, mientras sonríe con su rostro de piedra, conduce su Audi, viaja por el mundo hospedándose en caros hoteles o gasta su salario de más de 10.000 dólares por mes, Sendic se burla impúdicamente de todos y de todo. Enojarse con Vigil por lo que dijo a la vez que aceptar, silente, lo que hace Sendic, es moralmente despreciable.

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