Francisco Faig
Francisco Faig

Ideal nefasto

Murió y el Viglietti músico fue elogiado. Se destacó también una dimensión particular de su personalidad: su compromiso político con cierta izquierda latinoamericanista, revolucionaria, inveteradamente castrista y socialista.

Hubo, sin embargo, una voz crítica: la escritora Mercedes Vigil señaló que su paso por la realidad nacional fue, sin dudas, nefasto.

El Uruguay de hegemonía izquierdista se erizó. Empero, lo siguiente es la pura verdad, aunque esté muy ocultado en nuestros debates histórico- políticos: Viglietti extendió su acerada ideología crítica en un país que, en 1962, tenía mejor nivel de vida que Italia; en un Montevideo que, en 1968, presentaba un mejor índice de Gini que el de hoy, por lo que era una ciudad más igualitaria con Pacheco que con Vázquez presidente; y en un país que, en 1972, incluso luego de una estructural y larga crisis económica, tenía salarios reales mayores a los actuales luego de catorce años de crecimiento ininterrumpido.

Se supo que Vivian Trías fue agente de inteligencia del campo soviético por varios lustros durante la Guerra Fría. Salvo una valiente columna de Adolfo Garcé reclamando responsabilidades, el país de hegemonía izquierdista guardó silencio. Es que el relato forjado por los Broquetas, Caetano, Yaffé, Aldrighi, Nahum y tantos otros izquierdistas que invocan cierta legitimidad académica o cultural en sus tareas solapadamente proselitistas, precisa definir un campo imperialista-enemigo (el de la derecha y/o partidos tradicionales) y otro popular-amigo (el de la izquierda y frenteamplista) en la historia reciente del país.

Desde allí trazan una línea divisoria de superioridad moral que los conforta en sus ideales militantes y que, por cierto, los ayuda a cubrirse de reconocimientos y estatus social y económico. No es nada muy distinto a lo que ha ocurrido en otros ámbitos de la cultura, sobre todo en tiempos de Guerra Fría cuando la pertenencia izquierdista sirvió de trampolín hacia la fama internacional, desde la canción de Viglietti hasta la poesía de Benedetti.

Que Trías fuera un alcahuete del comunismo por unos pocos vintenes mensuales, algún viajecito, algún whisky importado y televisión nueva, suena imposible de aceptar para ese mundillo schmitteano izquierdista. Quedó firme pues, la dogmática reacción del Partido Socialista: son versiones de prensa con documentos de dudosa verosimilitud y no hay que mancillar a Trías que en paz descansa.

Cuando se analiza en perspectiva al Uruguay plural y democrático que denostó Viglietti desde los tempranos sesenta, y cuando se toma consciencia de la reacción de avestruz de los socialistas de hoy sobre el pasado de Trías, ¿no es acaso evidente que cierta actitud izquierdista- antiliberal fue nefasta para la cultura y la política nacionales? Viglietti y Trías, cada uno en su similar quehacer ideológico, ayudaron a promover un modelo socialista intolerante y liberticida.

Y tuvieron éxito. Es solo porque esa concepción dogmática izquierdista se hizo hegemónica que puede molestar tanto una crítica tan obvia al compromiso político de Viglietti, o que puede deslegitimarse tan tranquilamente la verdad histórica sobre Trías. Ganaron. Si además no te gusta, sos un facho al que le queda irse o recluirse.

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