Francisco Faig
Francisco Faig

Global Gay

Mañana es la Jornada Mundial contra la Homofobia. Es la fecha en la que en 1990 la Organización Mundial de la Salud suprimió la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales.

Mañana es la Jornada Mundial contra la Homofobia. Es la fecha en la que en 1990 la Organización Mundial de la Salud suprimió la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales.

Las batallas por la universalización de los derechos de los gays han marcado este inicio de siglo. No se trata de una especie de nuevo derecho humano, ni tampoco de un derecho específico separado y distinto, propio de gente extraña. Se trata, al contrario, de aplicar el derecho a la vida, a la seguridad, a la protección contra toda discriminación, a la libertad de expresión y a la vida privada, a personas que son tan normales, comunes y corrientes como cualquier otra. Porque ser gay no significa ser moralmente inferior, ni estar enfermo de nada.

Estos avances de sociedad forman parte de un cambio de época internacional. En Estados Unidos, por ejemplo, el presidente Obama en 2012 se pronunció a favor del matrimonio homosexual. Y lo que es aun más importante, en más de treinta de sus Estados es posible la adopción para las parejas del mismo sexo. Entre nosotros, nadie puede negar que ha sido en esta década de izquierda en el poder cuando más se ha avanzado en el reconocimiento de la igual dignidad de las opciones sexuales. Y es claro que hay organizaciones no gubernamentales que han sido la punta de lanza de todo este proceso.

Sin embargo, todavía estamos lejos de vivir colectivamente en completa igualdad y respeto por los derechos de los homosexuales. Alcanza con ir al estadio los fines de semana para salir consternado por los cánticos furibundamente homofóbicos de las hinchadas. También, el reciente episodio de discriminación de la milonga de la plaza del Entrevero mostró las dificultades que todavía enfrentamos.

Pero de forma general y a pesar de estos ejemplos, se puede decir que nuestra pródiga y tranquila tradición liberal ha hecho que acompañemos sin enormes resistencias el signo de estos tiempos de mayor apertura y entendimiento hacia la diversidad sexual. La reacción de rechazo a lo ocurrido en El Entrevero, que convocó allí un multitudinario apoyo ciudadano, sirvió justamente para dar cuenta del terreno fértil en el que avanza esta causa de mayor libertad e igualdad individuales. Somos una sociedad mucho más abierta que otras en las que la naturalización de la homosexualidad se vive muy mal.

El sistema penal de Cuba, por ejemplo, autoriza juicios sumarísimos con encarcelamiento, sin prueba ni defensa, para homosexuales. En Rusia, los últimos juegos olímpicos de invierno mostraron al mundo la homofobia del régimen de Putin, que entiende que todo este asunto de la defensa de los derechos de los homosexuales es una muestra de la profunda decadencia moral de Occidente. El Vaticano, recientemente, ha hecho un problema para aceptar las cartas credenciales del embajador enviado por París, por ser él un asumido homosexual. Y entre las situaciones más graves están las legislaciones de ocho países que penan con la muerte la homosexualidad: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Mauritania, Sudán del Norte, Yemen, el norte de Nigeria y ciertas regiones de Somalia.

En cada época hay temas de sociedad que van corriendo la frontera de lo posible en el ideal de fraternidad universal fundado en la radicalidad de la igualdad y la libertad propias de la Modernidad. Cualquier partido que aspire a representar a la mayoría de la sociedad debe tenerlo claro.

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