Francisco Faig
Francisco Faig

El fenómeno Novick

Salió a la cancha sin pena ni gloria hace un par de meses. Sobre todo, sin apoyo partidario. Era el tercer candidato. Ocupaba un lugar relegado y menor, sin peso político. Era la cenicienta que iba a sumar en favor de los candidatos blanco y colorado de la Concertación.

Salió a la cancha sin pena ni gloria hace un par de meses. Sobre todo, sin apoyo partidario. Era el tercer candidato. Ocupaba un lugar relegado y menor, sin peso político. Era la cenicienta que iba a sumar en favor de los candidatos blanco y colorado de la Concertación.

Sin embargo, el desarrollo de la campaña lo situó en el centro del escenario. Ha dejado muy atrás la expectativa de voto del candidato colorado y desafía hoy el liderazgo del candidato blanco en la interna concertacionista. Además, signo halagüeño, empieza a ser criticado por la izquierda.

Parece que su mayor error es hacer una política que reniega de la ideología. Las críticas pretenden hacer mella en la campaña de Novick porque ella insiste sobre los graves problemas de gestión de la Intendencia y plantea dejar de lado, aquí y ahora, cuestiones teóricas grandilocuentes. El planteo electoral de Novick es evidente: en una ciudad adicta al Frente Amplio y rebosante de ineptitud gubernamental, sus énfasis pasan por señalar lo que está evidentemente muy mal hecho, y por evitar contradecir la fe partidaria de la mayoría montevideana.

En la capital no se cumple bien con servicios municipales elementales como limpieza y tránsito. Además, todos sabemos que en la intendencia se trabaja poco. Sinceramente, encaminar todo esto no precisa sutil teoría. Empero, si los análisis quieren ser más académicos, solo una aldeana pedantería politizada que pontifique desde el muro de yerba puede sostener que las propuestas de Novick no tienen ideología.

En realidad, ellas reivindican implícitamente algunos valores políticos fundamentales del ser uruguayo.

La parada de carro al burlón Mujica, sostiene el respeto por el que piensa distinto; la exigencia de gestión para dar mejores servicios, refiere a la responsabilidad de los gobernantes (a los politólogos les gusta decir accountability); el reclamo de racionalidad en inversiones públicas, hace a un papel bien definido del Estado para brindar externalidades positivas. Y así se podrá atar cada propuesta relevante a un posicionamiento claro y muy uruguayo en torno a un ejercicio plural y respetuoso de la política, a un Estado activo pero eficiente en sus servicios, y a una exigencia de modernidad que devuelva cierto orgullo de clase media a vivir en una ciudad embellecida (y no decadente).

Novick tiene ideología. Pero no pasa todo el día hablando de ella. Va a los temas concretos. La gente, más inteligente que los comentaristas, ya se dio cuenta de todo esto tan sencillo de entender. Empezó pues a mirarlo y creció su candidatura en las encuestas. Porque además Novick, que se hizo de abajo, está dispuesto a invertir su dinero en su campaña electoral. Algunos viejos reflejos tradicionales han criticado un roba-montón o una pesca electoral interna. De verdad, no entienden nada. Dan pena.

Novick ya ganó. En su lista hay blancos, colorados e independientes, pero sobre todo hizo fuerte la opción estrictamente concertacionista. El futuro dirá qué camino político sigue.

Sin embargo, ya mostró a propios y a extraños que se puede hacer política y crecer electoralmente sin complejos y con convicción. No es poca enseñanza para el estado actual del espectro político no frenteamplista.

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