Francisco Faig
Francisco Faig

El FA rompe la alianza

El Frente Amplio nunca podría haber ganado dos veces con mayoría absoluta sino fuera por su alianza con los sectores medios de la población.

El Frente Amplio nunca podría haber ganado dos veces con mayoría absoluta sino fuera por su alianza con los sectores medios de la población.

Fue una alianza que implicó la moderación del discurso y la aceptación de cierto extendido sentido común ciudadano socialdemócrata. La izquierda del gobierno de Vázquez cumplió relativamente bien el compromiso. Reivindicó el papel del Estado como generador de políticas públicas para los más necesitados y como actor económico clave; inclinó la balanza en favor de los más pobres, sin dejar de hacer ganar mucho dinero a los empresarios; y devolvió cierto orgullo nacional a la idea del pequeño país capaz de grandes cosas.

El problema fue el giro a la izquierda de Mujica. Porque es cierto que conservó cierto talante bonachón y moderado que prometió más de lo mismo: sus diálogos iniciales con la oposición; su mayor énfasis en la mejora de la situación social de los más desposeídos; y su pretendido papel de referencia en política exterior. Sin embargo, tras esa máscara superficial, su administración fue rompiendo la alianza frenteamplista con el sentido común democrático de las clases medias.

Primero, al anular la ley de caducidad. Mujica se había comprometido a respetar la voluntad popular. Al uruguayo medio no le gusta que le mientan. Segundo, al ceder frente a la barra sindical al punto de no mandar más. Pasó con la educación, que queda peor de lo que estaba, pero pasó también con los naranjitos fascistas que rodearon al Parlamento para sacar la ley de responsabilidad penal empresarial. Al uruguayo medio no le gusta que gobiernen los sindicatos de pesado.

Tercero, al mostrar cierta ineptitud gobernante: lo de Pluna, lo del fútbol- Casal, lo de los inexistentes planes de vivienda o inversiones en infraestructura —AFE, carreteras, etc.—. Al uruguayo medio no le gusta que su gobierno sea tan torpe. Cuarto, al degradar la institucionalidad democrática. Pasa todos los días con los diferentes grupos y referentes de izquierda que critican duramente las decisiones de la Justicia desde hace al menos dos años. Al uruguayo medio no le gusta que el gobierno pretenda mandar también a la Justicia y no acepte sus fallos con dignidad republicana.

Ahora vuelve Tabaré. Pero en vez de renovar la alianza y llenarla de contenido, la desdeña. El uruguayo medio está complicado con el tema seguridad: Tabaré le dice que mantendría a Bonomi y su política en seguridad. Las clases medias están preocupadas por la educación pública: Tabaré les dice que las cosas no están tan mal, y que antes estaban peor. Cuando tiene que proponer, el pastor se dirige a los del comité de base y a los sindicatos: más impuestos a los terratenientes, y 6% para la enseñanza.

Es tan llamativo como real: el Frente Amplio no habla a las clases medias; no las seduce más; no tiene en cuenta sus principales preocupaciones. Sin duda el uruguayo medio cree que el progreso de esta década es debido a la gestión de los gobiernos del Frente Amplio. Es la versión que ha dado, con éxito, la hegemonía cultural izquierdista. Sin embargo, eso no alcanza para renovar la alianza con las clases medias a futuro.

El que preste un poco de atención a la campaña electoral de este otoño verá que quienes se ocupan de cortejar el sentido común del uruguayo medio son las distintas opciones de los partidos tradicionales. No por casualidad suben en las encuestas.

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